EL PEREGRINO DE LA AMBICIÓN: LATORRE Y LA FE DE LA CONVENIENCIA 

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#Editorial

◾El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, parece estar viviendo un proceso de autoengaño político, un intento casi desesperado de convencerse a sí mismo de que puede transformarse en figura presidenciable, a pesar de que en el movimiento Honor Colorado no exista posibilidad de disidencia, ya que la colonización de las mentes de sus referentes es total y sumisa al máximo líder, Horacio Cartes, y este ya decidió que él no lo será. 

◾La embriaguez de codearse internacionalmente con altos mandatarios —fotos, saludos, cumbres, flashes— lo mareó, y ahora confunde exposición con liderazgo, presencia con proyecto, plegarias y trances religiosos de ocasión con visión de país.

◾Hoy, ya no es un problema doblarse ante una u otra iglesia, evangélica para unos, católica para otros, porque el punto es todavía más grave: ¿Es una buena propuesta para el Paraguay un dirigente sin escrúpulos que ni siquiera puede definir un credo propio?

◾Si alguien cambia de fe según el auditorio, ¿qué no estaría dispuesto a cambiar cuando el precio sea el poder?

◾Si alguien utiliza dos templos para la misma foto interna, ¿cómo no va a utilizar dos discursos para gestionar el destino nacional?

◾La pregunta es legítima y urgente: ¿Con esa misma seriedad pretende ser protagonista del futuro del país?

◾Porque el problema no es la religión, pues cada paraguayo es libre de creer donde y a quien quiera, sino lo que revela esa conducta: vacío moral, falta de coherencia y convicciones moldeadas al interés del día. 

◾Esa dualidad no es espiritual, es utilitaria, no es búsqueda, es cálculo y, obviamente, no es fe, es una puesta en escena sobreactuada. 

◾Latorre es el tipo de político que confunde arrodillarse con agradar, y que cree que la exposición religiosa sustituye a la responsabilidad institucional, y está más que probado que el Paraguay no necesita un presidente que cambie de altar como cambia de discurso político; ya tenemos uno que cambió de partido y convicciones para no perder su cargo, y no nos está resultando, porque se necesita liderazgo con carácter, convicciones claras y capacidad de defender principios incluso cuando no hay cámaras.

◾Porque si un posible presidenciable no puede sostener una creencia, ¿cómo sostendría un país? Si no puede definir su fe, ¿cómo definiría el rumbo institucional y económico de la nación?

◾Si su brújula moral hace una rotación ante cada evento público, ¿qué garantía hay de que no rotará ante cada presión de poder?

◾La seriedad con la que aspira a dirigir el destino del país se mide primero en la coherencia de sus actos más simples, y hoy, lamentablemente, lo que vemos no es coherencia ni profundidad, sino marketing religioso, improvisación y una peligrosa convicción: la de que todo, incluso la espiritualidad, es utilizable si sirve a la ambición.

◾Y esa, para el Paraguay, no puede ser una opción.

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