Hay amores futbolísticos que se quedan en el banquillo y otros que echan raíces profundas en la tierra. Gustavo Alfaro, el estratega que devolvió la mística y la ilusión a la Albirroja, ha decidido que su idilio con Paraguay no sea una simple estancia pasajera, sino un pacto que perdure en el tiempo. En un movimiento que trasciende la pizarra táctica, el director técnico argentino se presentó en las oficinas de Migraciones para tramitar su residencia permanente en el país, un papeleo estrictamente presencial que selló con su firma y la de sus asistentes.
Pagando los aranceles correspondientes al formato MERCOSUR, demostrando su solvencia económica y entregando sus documentos debidamente autenticados, Alfaro dejó en claro que no solo planea dirigir los próximos partidos, sino también respirar, vivir y habitar el suelo paraguayo como un compatriota más.
Este gesto no es solo burocracia, es la confirmación oficial de que el idilio nacido en las canchas se convirtió en un proyecto de vida a largo plazo. El hombre que entendió la idiosincrasia de la garra guaraní como pocos extranjeros lo han hecho, ahora camina hacia su propia nacionalización afectiva, recordándonos que la patria no solo se hereda, sino que también se elige con el corazón y se refrenda en una oficina pública.
Fuente: ABC Digital



