La desidia estatal ha llegado a un punto de quiebre en la zona de Unión, donde la comunidad ha decidido que ya no puede esperar una respuesta que nunca llega desde el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones. Ante el peligro inminente que representan los cráteres en el tramo que conecta con San Estanislao, los pobladores activaron un operativo de emergencia financiado íntegramente por sus propios bolsillos.
Armados con herramientas, materiales comprados mediante donaciones y una voluntad que parece faltar en las esferas oficiales, los voluntarios se encargan de parchar el abandono gubernamental. Esta movilización ciudadana no solo busca mejorar la transitabilidad, sino que funciona como una denuncia pública contra la inacción de las autoridades que ignoran el deterioro crítico de una vía estratégica.
Mientras el asfalto sigue cediendo, la autogestión vecinal se convierte en el único parche posible para una gestión pública que, en esta región del país, brilla por su ausencia.
Fuente: Ahora_Py


