¡De tal palo, tal astilla! Pero en vez de heredar el oficio de zapatero o las mañas para el asado, el dúo dinámico que cayó este viernes prefirió compartir el «negocio» de lo ajeno. Oliver y César Colmán, padre e hijo para más señas, fueron los protagonistas de un allanamiento que les cortó el chorro justo cuando pensaban que el golpe de G. 400 millones a Motor Haus, negocio de Patrick Bendlin, yerno de Horacio Cartes, iba a ser el inicio de su jubilación anticipada.
Parece que en esa casa el «trabajo en equipo» se tomó muy en serio, porque mientras el Departamento de Investigaciones de Asunción les pisaba los talones, ellos seguían en su mundo, uno de ellos incluso rompiendo su arresto domiciliario porque, aparentemente, estar encerrado en casa es muy aburrido si no hay un plan maestro de por medio.
La Policía entró con todo y no se fue con las manos vacías: encontraron las mismas ropas que los delataron en las cámaras de seguridad (un clásico de la desprolijidad criminal), un control de Toyota que no era precisamente de juguete, celulares y, para completar el combo, unos ocho gramos de «sustancias» que terminaron de hundir el barco familiar.
Ahora, en vez de compartir el almuerzo del domingo, este par de «emprendedores» de lo ajeno tendrá que explicarle al Ministerio Público cómo es que terminaron confundiendo una concesionaria con un autoservicio gratuito. ¡Una joyita el ejemplo familiar!



