Desde que uno de los pilotos logró salir del país en un vuelo comercial común y corriente, el caso en torno al jet privado que aterrizó con un millonario cargamento de droga en el Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi no ha parado de crecer, dejando al descubierto una serie de fallas de seguridad y llamativas decisiones judiciales. El principal conductor de la aeronave, identificado como el ciudadano estonio Keith Siilats, de 47 años, consiguió eludir todos los controles aeroportuarios y abordar un avión de línea regular con rumbo desconocido apenas minutos después del procedimiento, según confirmó el propio ministro de la Secretaría Nacional Antidrogas, Jalil Rachid.
El operativo, que inicialmente parecía un éxito rotundo gracias al despliegue conjunto de agentes especiales y personal militar, derivó rápidamente en un laberinto de contradicciones. Durante la inspección, las autoridades confiscaron 261 kilogramos de una marihuana modificada genéticamente y conocida en el mercado negro como de alta gama o premium, cuyo valor estimado asciende a unos 3,6 millones de dólares. El cargamento, presuntamente procedente de los Estados Unidos, pretendía ser retirado directamente en la pista por una persona que se presentó en la terminal aérea con la intención de realizar un trasbordo inmediato vía terrestre.
A pesar de la magnitud de la incautación, la respuesta del sistema de justicia sumó mayor desconcierto al caso. Mientras tres personas que integraban la tripulación o el equipo de apoyo en tierra —entre ellas los ciudadanos identificados como Troy Anthony Vásquez, David Thomas Wise y Marisol Rivas— quedaron efectivamente aprehendidas, el copiloto del jet, el joven estadounidense de 21 años Jabari Stephan Brown, fue liberado pocas horas después por disposición directa de la Fiscalía, bajo motivos que hasta el momento se desconocen de forma oficial.
Este confuso desenlace vuelve a poner bajo la lupa los niveles de vulnerabilidad institucional en la principal terminal aérea del país, donde una millonaria estructura de tráfico internacional pudo coordinar la llegada de una aeronave ejecutiva y el escape de su principal tripulante a la vista de los organismos de seguridad.
Las investigaciones del caso continúan avanzando bajo un fuerte cuestionamiento público hacia la celeridad con la que se dispusieron las desvinculaciones de los principales sospechosos en el mismo lugar de los hechos.
Fuente: Ñanduti


