La ciudad de Luque se encuentra bajo una sombra de duda que afecta directamente al programa Hambre Cero, tras el desgarrador accidente ocurrido el pasado 25 de febrero en la planta de la empresa Arte Culinario. Octavio Samuel Rodríguez Contreras, un joven trabajador de 20 años, perdió su mano derecha mientras operaba una potente máquina trituradora de alimentos.
Más allá del drama humano y las denuncias por falta de seguro social para el empleado, hoy surge una pregunta que inquieta a toda la comunidad educativa: ¿qué pasó con la producción de ese día? El concejal luqueño Diego Romero ha alzado la voz para exigir respuestas concretas al Ministerio de Desarrollo Social, manifestando su profunda preocupación sobre la trazabilidad de los insumos procesados durante el siniestro.
La sospecha es tan simple como escalofriante: existe el temor de que los alimentos que pasaron por la misma trituradora al momento del accidente no hayan sido descartados adecuadamente, poniendo en riesgo la integridad sanitaria de los niños que reciben el almuerzo escolar.
Este cuestionamiento busca determinar si la empresa cumplió con los protocolos de bioseguridad o si, en el afán de evitar pérdidas económicas, se permitió que la mercadería llegara a las instituciones. Con el pedido de informes, se pretende esclarecer si existió una fiscalización real sobre el lote producido aquel fatídico día, ya que cualquier rastro biológico en la comida representaría una negligencia imperdonable. Mientras el joven Octavio busca justicia por su mutilación, los padres de Luque esperan la garantía de que el programa Hambre Cero no esté sirviendo, junto con el alimento, una dosis de irresponsabilidad y peligro.
Fuente: La unión AM


