En el siempre sorprendente mundo de la politiquería paraguaya, la realidad suele superar a la ficción con una velocidad que asombra. El senador cartista Javier Zacarías Irún intentó ensayar un desesperado desmentido para salvar su imagen pública, asegurando estar firmemente en contra del «prebendarismo». Su argumento era simple: los audios filtrados donde prometía conseguir puestos en Itaipú «en un segundo» no eran más que el reflejo de una supuesta extorsión que él había rechazado por parte del presidente de una seccional de Ciudad del Este, Osvaldo Sánchez Jara.
Sin embargo, en la era digital los secretos duran muy poco y las palabras escritas pesan más que las intenciones. Una serie de chats filtrados y verificados echaron por tierra la defensa del legislador, revelando que sus promesas no eran simples comentarios al aire, sino el engranaje inicial de una maquinaria de influencias extraordinariamente eficiente. La historia detrás de los mensajes expone un nivel de «gestión» que funcionó a contrarreloj y con una precisión quirúrgica.
Todo comenzó, hace solo 2 meses, la mañana del 26 de marzo de 2026, cuando el senador y el operador político se reunieron. Tras el encuentro, a las 11:46, el dirigente esteño le envió al parlamentario un dato clave: la contraseña de la mesa de entrada del pedido de empleo de su hermano de madre, Avilio Acuña Jara. A partir de ahí, el reloj empezó a correr de forma frenética. Solo veinticinco minutos después, el propio senador se comunicó con su operador, recordándole de manera servicial que estaba dispuesto a actuar como su «secretario» para agilizar los trámites correspondientes.
La confirmación del poder fáctico llegó esa misma tarde. Exactamente a las 17:00, Zacarías Irún le reenvió al seccionalero la respuesta que había recibido desde las entrañas de la entidad binacional. En el texto, un alto funcionario se dirigía al parlamentario con un sumiso «Señor» y le adelantaba que la Autorización de Servicio ya estaba lista para ser enviada al interesado para su firma.
El desenlace de esta cadena de favores políticos tardó menos de veinticuatro horas en materializarse. Al día siguiente, el 27 de marzo, el hermano del operador firmó el ansiado documento. La firma no llevaba el sello de cualquier burócrata, sino el del mismísimo director general paraguayo de Itaipú, Justo «Lucho» Zacarías Irún, quien casualmente es hermano del senador que inició la gestión. Con esa rúbrica exprés, la promesa hecha en un segundo quedó sellada en papel, dejando al descubierto cómo los hilos familiares y políticos se mueven con total naturalidad dentro de una de las instituciones más ricas del país.
Fuente: ABC Digital



