En la semana, el presidente Santiago Peña acudió como invitado del anfitrión Lula Da Silva, presidente del Brasil, a participar del prestigioso encuentro de líderes mundiales conocido como G20, que se realizó en Río de Janeiro. Hasta ahí todo bien, Santi estaba como pez en el agua, era un viaje más (de los muchos que ya hizo), fotos aquí, fotos allá; empezó la hora del trabajo (que no era muy pesado) y le dio un fuerte dolor en el pecho y cefaleas que obligó a su internación inmediata.
Las alarmas se encendieron, los malos pensamientos y los memes no se hicieron esperar respecto a la posible sucesión presidencial; más de uno dijo que pasaremos de Guatemala a Guatepeor, pero esas alarmas dejaron de sonar cuando salió a luz el diagnóstico: “pico de estrés”.
Lo primero que vino a la mente de muchos fue: ¿qué le puede estresar a un presidente de la República que se levanta entre las 7 y las 8 de la mañana, va al gym, se desayuna como un rey (siempre FIT) y empieza a recibir a sus ministros a las 9:30 – 10 AM (en Mburuvicha Roga, donde vive, no en el Palacio de López), y después unas que otras reuniones que le llevan todo el día? Eso sí, no se pierde una sola inauguración, sea cual fuere a la que es invitado. El pico de mayor “estrés” seguro lo tiene cuando se reúne con el Comando de HC de manera semanal; allí acuden los que de verdad dan cansancio solo con verlos, incluso a la población.
Más de uno dijo: Estrés debería tener el trabajador que se levanta a las 4 de la mañana para salir a las 5 de su casa y volver a las 20:00, viajando en transporte público en las estriberas, o apilados y apretujados como sardinas; ganándose el sueldo mínimo y alcanzando el mes raspando. Estrés debería tener el albañil que trabaja de sol a sol, el asegurado de IPS que tiene turno para julio del año que viene, la maestra que todos los días enseña a sus niños bajo un mangal que dé sombra, o el que maneja su auto por las autopistas destruidas por inacción de la ministra Centurión del MOPC. Pico de estrés debería tener el que debe pagar la “luz” cada fin de mes en un país que produce energía eléctrica sin límites, o el jornalero que debe “changar” para llevar algo que comer a su familia. Ejemplos hay a montones, pero para el pueblo es imposible que le agarre el “aipó” estrés; eso solo se da en gente “fifí”.
El asalariado no tiene derecho a enfermarse; si eso ocurre, el sustento diario no llegaría a las mesas familiares donde los hijos, las cuentas, impuestos y otros gastos no esperan.
Tal vez nos equivoquemos, pero es lo que pensamos.


