CERRO Y OTRA VEZ EL MISMO DOLOR: CUANDO LA HINCHADA HACE TODO Y EL EQUIPO NO RESPONDE

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Hay derrotas que duelen por el resultado y hay otras que duelen porque uno siente que se pudo haber hecho algo más. La eliminación de Cerro Porteño ante Palmeiras pertenece a esta segunda categoría, por eso la bronca y la tristeza que queda después del partido son todavía mayores.

Estuve en la cancha y lo que más me quedó no fue solamente el 0-1 ni el gol de Gustavo Gómez. Me quedó la imagen de una hinchada que hizo absolutamente todo lo que podía hacer. Gente que llegó desde el interior del país, que se organizó, que hizo un esfuerzo enorme para estar en la Nueva Olla. Gente que soportó el frío, la lluvia y una noche incómoda, pero que igualmente estuvo ahí alentando durante los 90 minutos. Y esta es la parte que más duele: el hincha no se sintió representado por el equipo.

Cerro tenía que salir a buscar el partido. Tenía que proponer. Tenía que asumir el protagonismo que exige jugar una revancha de octavos de final de Copa Libertadores en tu propia casa. Y una vez más aparecieron los grandes problemas que Cerro viene mostrando hace muchos años: cuando tiene que tomar la iniciativa, cuando tiene que construir el partido y no simplemente reaccionar, le cuesta muchísimo. Cerro tuvo la pelota durante varios pasajes, especialmente en el primer tiempo. Pero tener la pelota no significa necesariamente saber qué hacer con ella. Y esa fue la sensación durante buena parte de la noche: Cerro tenía el balón, pero carecía de ideas.

La fórmula terminaba siendo casi siempre la misma: pelota larga para Pablo Vegetti y a esperar que el delantero argentino hiciera algo. El centro-atacante no podía ganar todas y menos cuando lo estaban marcando 3 torres como Murillo, Gómez y Barboza. No había demasiadas alternativas, no había asociaciones constantes, no había una jugada que permitiera pensar que el equipo realmente estaba imponiendo las condiciones.

Palmeiras tampoco hizo un partidazo. No fue una exhibición del equipo brasileño. De hecho, durante varios pasajes Cerro tuvo más la pelota y consiguió incomodarlo. Pero Palmeiras hizo algo que Cerro no pudo hacer: aprovechó el momento que tuvo. Gustavo Gómez apareció en una pelota parada y convirtió de cabeza a los 40 minutos del primer tiempo. 

En este tipo de partidos no alcanza con jugar bien por momentos. No alcanza con tener la pelota. No alcanza con llegar hasta tres cuartos de cancha. Hay que aprovechar las oportunidades y es ahí inevitablemente donde adquiere mucho peso lo ocurrido en el partido de ida.

Cerro tuvo una situación muy importante con Cecilio Domínguez frente al arco de Palmeiras. La jugada terminó en una caída dentro del área y generó discusión sobre una posible falta y un penal que finalmente no existió. No afirmo que por esa jugada se terminó dando la eliminación. Sería demasiado fácil y también injusto. Pero en una serie tan pareja, esos detalles pesan. En un mata-mata de Libertadores no podés darte el lujo de dejar pasar las pocas oportunidades que aparecen.

También hay que hablar de Aliseda. Hoy tuvo una oportunidad enorme para demostrar que podía ser una alternativa real desde el inicio, no obstante aportó muy poco en un partido en el que justamente necesitábamos jugadores capaces de marcar diferencias y Aliseda lastimosamente no apareció.

Sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre los jugadores. La dirigencia también tiene una enorme cuota de responsabilidad en esta eliminación.

Los planteles no se arman solamente con nombres. Se arman pensando en las necesidades del equipo, en el calendario y en las competencias que vas a disputar y Cerro sabía que tenía por delante una Copa Libertadores, se sabía que se necesitarían variantes ofensivas. Se sabía que no podíamos depender exclusivamente de Cecilio, Iturbe o Aliseda.

Sabiamos que se necesitaban delanteros por afuera. Sabíamos que se necesitaban jugadores capaces de entrar desde el banco y cambiar un partido. Alternativas para cuando las principales figuras no estuvieran o fueran neutralizadas.

La dirigencia incorporó una cantidad importante de jugadores para el segundo semestre. Fueron ocho las incorporaciones realizadas en ese mercado: Manuel Roffo, Iván Ramírez, Alexis Cañete, Lucas Merolla, Ariel Gamarra, Ángel Martínez, Derlis Rodríguez y Agustín Almendra. Pero acá aparece una pregunta que la dirigencia debería responder.

¿Se reforzó realmente el plantel en los lugares donde Cerro necesitaba reforzarse? Porque traer jugadores no significa necesariamente reforzar un equipo. Y hay un caso que resulta difícil de entender: Agustín Almendra. El argentino fue presentado como uno de los grandes refuerzos del mercado, con un contrato de tres años y con el antecedente de haber sido campeón de la Copa Sudamericana y la Recopa con Racing. 

Pero cuando llegó el momento de jugar los octavos de final contra Palmeiras, ni siquiera estuvo en la lista. Cerro tenía permitido hacer cinco modificaciones en su lista de buena fe y eligió a Roffo, Iván Ramírez, Cañete, Merolla y Gamarra. Almendra quedó fuera. Si, el fichaje estrella. Y esto, desde mi punto de vista, es difícil de defender.

No estoy diciendo que Almendra necesariamente hubiera cambiado la historia contra Palmeiras. Eso nadie puede saberlo. Pero sí cuestiono la planificación. ¿Para qué traer con bombos y platillos a un jugador que no iba a poder ser utilizado en la serie más importante que Cerro tenía por delante? Uno supone que la dirigencia sabía que la prioridad era la Copa, había que incorporar jugadores pensando en esa Copa.

Cerro necesitaba soluciones inmediatas. Necesitaba profundidad, variantes ofensivas, futbolistas que pudieran entrar a la cancha y cambiar la dinámica de un partido.

No solamente nombres, porque los nombres no juegan y tampoco alcanza con presentar refuerzos con videos, fotografías y anuncios rimbombantes si después el entrenador llega a un partido de octavos de final y tiene prácticamente las mismas herramientas que tenía antes.

La dirigencia también tiene que hacerse cargo de eso, porque este fracaso no empezó a las 19:00 en la Nueva Olla, empezó mucho antes, empezó en la planificación del plantel. En las decisiones del mercado. En los jugadores que llegaron. En los que no llegaron. En los que quedaron fuera de la lista. Y en no haber construido una plantilla con suficientes variantes para afrontar una serie de este nivel.

Me fui de la cancha con esa sensación amarga de pensar en toda esa gente que estuvo ahí. En los que viajaron kilómetros. En los que dejaron de hacer otras cosas para estar en la Nueva Olla. En los que llegaron empapados, con frío, y aun así cantaron hasta el final. Ellos hicieron su parte y la hinchada una vez más fue lo único que tiene que ver con Cerro Porteño que estuvo a la altura.

Fuente: Silasjosue7

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