Documentos oficiales acaban de exponer que en el sistema educativo público un funcionario capaz de desafiar la física y la lógica de los horarios. Se trata de Claudio Nil Barúa Acosta, actual vicedecano de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), quien logra acumular simultáneamente múltiples rubros y puestos de enseñanza en distintas instituciones, alcanzando una remuneración mensual que supera los 43 millones de guaraníes provenientes del dinero público.
El expediente de cargos deja al descubierto una maraña de funciones donde las horas del día simplemente no encajan. En la cúspide de su agenda, Barúa Acosta ejerce como autoridad y docente en la Facultad Politécnica; a la par, imparte cátedras en la Facultad de Ingeniería de la UNA en asignaturas como Mecatrónica, Electrónica y Programación; y para completar la jornada, aparece contratado por el Ministerio de Educación y Ciencias como profesor guía en el Colegio Nacional España de San Lorenzo, donde percibe más de 4,2 millones de guaraníes al mes.
El aspecto más alarmante de la denuncia no radica únicamente en la abultada cifra que percibe del Estado, sino en la evidente superposición horaria. Las planillas oficiales demuestran que en las mismas franjas horarias en las que debería estar orientando a estudiantes de secundaria o realizando tareas de soporte técnico e informática en el colegio, también figura dando clases universitarias.
Por si fuera poco, la investigación añade un ingrediente aún más escandaloso: el centro de educación de adultos donde también figura cobrando un rubro docente bajo la categoría LD6 estaría completamente cerrado. De confirmarse este hecho, la situación dejaría en evidencia una falla colosal en los mecanismos de fiscalización estatal: ¿quién firma las planillas de asistencia, quién audita el trabajo en aula y por qué se sigue pagando un salario con fondos del Tesoro en un establecimiento sin actividad?
El caso vuelve a poner bajo la lupa un vicio persistente en la función pública: la falta de cruce de datos entre el Ministerio de Educación y la Universidad Nacional de Asunción. Mientras miles de educadores e investigadores aguardan años por un rubro digno, este tipo de irregularidades vulnera la transparencia del sistema sin que los organismos de control adviertan la incompatibilidad. Ahora, la pelota está en el campo de la UNA, del MEC y del propio involucrado, quienes deberán presentar las planillas de asistencia y los registros oficiales que expliquen lo que, hasta hoy, parece un milagro imposible de justificar.
Fuente: Canal_e_py



