La primera visita oficial de un mandatario paraguayo a Filipinas ha quedado envuelta en una llamativa polémica que mezcla la euforia diplomática con la crítica punzante. Mientras el canciller Rubén Ramírez Lezcano celebraba en Manila la firma de dos instrumentos clave —un acuerdo de exención de visas para todos los pasaportes paraguayos y un convenio de cooperación entre academias diplomáticas—, las voces críticas no tardaron en aparecer para ponerle un freno al entusiasmo oficial.
Desde el Gobierno, el anuncio se presentó como un «paso concreto» para abrir las puertas del sudeste asiático y profesionalizar el servicio exterior en sus vínculos con Asia. Sin embargo, el analista y periodista Benjamín Fernández Bogado cuestionó duramente la relevancia del anuncio, asegurando que Filipinas nunca ha exigido visa a los paraguayos para ingresar a su territorio. «Hay que ser más serios en estos anuncios», disparó Fernández Bogado, señalando que calificar de «histórico» algo que en la práctica ya funcionaba resta credibilidad a la gestión internacional.
Entre la foto oficial y la realidad del viajero, el debate queda instalado: ¿se consolidó un derecho o simplemente se protocolizó lo que ya existía?




