El presidente Santiago Peña agarró el sombrero y se fue emocionado hasta J. Eulogio Estigarribia para el lanzamiento de la siembra de soja, listo para sembrar buenos deseos, pero lo único que cosechó fue un flor de escrache.
Mientras las autoridades sonreían entre los granos, un grupo de pobladores indignados le amargó la fiesta al grito de «¿y nuestro IPS para cuándo?». Resulta que la ciudad es un verdadero motor industrial con más de 3.000 asegurados que pagan mes a mes su cuota, pero a la hora de enfermarse tienen que hacer magia, porque en la zona no hay ni rastros de un puesto de salud previsional.
Para conseguir un simple turno o una aspirina, los vecinos deben emprender un viaje épico de 40 kilómetros hasta Caaguazú o, peor aún, tragarse casi 100 kilómetros hasta Coronel Oviedo. Intentando gambetear los reclamos, el mandatario sacó chapa diciendo que en Coronel Oviedo ya construyeron un hospital grandote y supercomplejo, pero la jugada no le salió bien; los manifestantes le recordaron de inmediato que la gasolina no se paga sola y que viajar 100 kilómetros con dolor de muela o fiebre destruye cualquier bolsillo. Además, le retrucaron que aquel nosocomio vive saturado, por lo que exige urgente una sede propia en la zona que descongestione el caos.
Entre carteles y reclamos de más especialistas e insumos para el centro de salud local, la comitiva presidencial comprobó que en la tierra de la soja, la paciencia de la gente no prende ni con abono.
Fuente: ABC Digital


