El hábito de endeudarse para cubrir el día a día se está convirtiendo en una bola de nieve para miles de familias en Paraguay. Desde el año 2022 hasta la fecha, la toma de préstamos de consumo explotó con un vertiginoso incremento superior al 100%, mientras que los sueldos e ingresos de la gente apenas se reajustaron alrededor de un 30%.
Esta peligrosa brecha deja al descubierto una realidad inquietante: las deudas familiares están aumentando a un ritmo tres veces más rápido que la capacidad real del bolsillo para cubrirlas.
La advertencia sobre este fenómeno surge de un análisis realizado por el economista Wildo González, quien señala que aunque el problema todavía no amenaza con tumbar la estabilidad del sistema financiero en el corto plazo, los síntomas de fatiga ya se empiezan a sentir. Cada vez más personas tienen dificultades para mantenerse al día, provocando un repunte directo en la morosidad dentro del sector financiero, especialmente en las carteras destinadas a préstamos personales y tarjetas de crédito.
Por ahora, el mercado laboral resiste y ha actuado como un salvavidas providencial. Gracias a que el empleo formal asalariado ha mantenido un ritmo de crecimiento constante de entre el 6% y el 7% en los últimos trimestres, muchas familias aún logran sostener sus cuotas y evitar la quiebra personal. Sin embargo, los expertos advierten que este frágil equilibrio camina sobre la cuerda floja, ya que cualquier sacudida o tropiezo que afecte la generación de empleo podría desatar una ola imparable de impagos masivos.
A esta bomba de tiempo contenida se le suma otro factor de riesgo: la vulnerabilidad de algunas entidades financieras más jóvenes o con menor recorrido en el mercado. Muchas de estas instituciones captaron masivamente a este segmento de clientes y carecen de la espalda o la experiencia requerida para afrontar tormentas económicas prolongadas, por lo que un aumento descontrolado de la mora podría dejarlas en una posición sumamente delicada. La recomendación de los analistas es clara: vigilar de cerca la salud crediticia y moderar el uso de préstamos de consumo antes de que el agua llegue al cuello.



