EL «VAMOS A ESTAR MEJOR» QUE NO LLEGÓ NUNCA: ALERTA ROJA EN IPS POR FALTA DEL 90% DE LOS FÁRMACOS

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El Instituto de Previsión Social ha tocado fondo, transformándose en el escenario de una de las crisis sanitarias más desgarradoras de los últimos tiempos. Quienes caminan por sus pasillos ya no solo cargan con el peso de la enfermedad, sino con la terrible certeza de que el lugar que debería salvarlos los ha dejado en el olvido. 

Los propios médicos de la institución han alzado la voz con desesperación, rompiendo el silencio para lanzar una alerta que hiela la sangre: prácticamente el 90% de los medicamentos esenciales está en stock cero. No es una simple escasez burocrática, es una condena invisible. Las farmacias del hospital se han convertido en habitaciones vacías donde la única respuesta constante para los asegurados es un rotundo y cruel «no hay».

La salud no sabe de esperas ni de trámites postergados; cuando el cuerpo falla, el tiempo se mide en minutos. Hoy en día, conseguir fármacos tan básicos para la presión arterial como el Enalapril o el Losartán es una misión imposible que satura las salas de urgencias con pacientes al borde del colapso. Pero el drama cala aún más hondo en los tratamientos de alta complejidad. Los pacientes con trasplante renal se enfrentan a una pesadilla diaria: el Tacrolimus, el inmunosupresor vital para que sus cuerpos no rechacen el órgano que les devolvió la vida, ha desaparecido de las estanterías. Sin ese remedio, cuyo costo es inalcanzable para un bolsillo común, el riñón se pierde. Lo mismo ocurre con quienes sufren de convulsiones crónicas y ven cómo sus protectores médicos se esfuman, dejándolos a merced de los ataques químicos de su propio cerebro.

El desgaste es tan devastador que ya ni los propios profesionales de la salud pueden sostener el sistema; los médicos prefieren renunciar antes que seguir siendo testigos de brazos cruzados ante un abandono que describen como el peor en toda la historia de la institución. Mientras la burocracia se enreda en justificaciones y promesas vacías, el IPS sangra por dentro. Detrás de cada cifra y de cada porcentaje ausente, hay un padre de familia, una abuela o un niño cuya vida depende de una caja de pastillas que no llega. En los pasillos del hospital de la previsional, la esperanza se agota al mismo ritmo que los estantes, dejando a miles de paraguayos atrapados en un dilema inhumano: pagar fortunas que no tienen o entregarse a un trágico destino.

Fuente: ABC Digital 

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