MAREA DIPLOMÁTICA GIRA A FAVOR DE MARRUECOS: HONDURA RETIRA SU RECONOCIMIENTO A LA «RASD»

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La decisión de Honduras, la sexta en dos años, se inscribe en una tendencia internacional creciente que respalda la iniciativa de autonomía marroquí como única vía realista de solución al conflicto del Sáhara.

La República de Honduras se convirtió esta semana en el último país en retirar su reconocimiento a la llamada «República Árabe Saharaui Democrática» (RASD), entidad proclamada por el Frente Polisario y sostenida por Argelia, cuya legitimidad internacional se erosiona de manera acelerada.

La decisión fue comunicada oficialmente por la canciller hondureña Mireya Agüero de Corrales al Ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, y representa un nuevo revés diplomático para los defensores de la tesis separatista. El mundo está cambiando de postura frente al conflicto del Sáhara.

La jefa de la diplomacia hondureña precisó que la suspensión del reconocimiento obedece a una decisión soberana fundamentada en el respeto a los principios de no injerencia y de no intervención en los asuntos internos de terceros países. Una formulación que, leida entre lineas, constituye una crítica velada al modelo mismo de la RASD, entidad creada y sostenida artificialmente desde el exterior.

Honduras notificó igualmente su decisión al Secretario General de la ONU, António Guterres, reafirmando su apoyoa las resoluciones del Consejo de Seguridad, en particular a la resolución 2797, que apuesta por una solución política justa y mutuamente aceptable lenguaje perfectamente alineado con la posición marroquí.

Honduras había reconocido a la RASD en 1989 y reafirmado ese reconocimiento tan recientemente como en 2022. Ese antecedente hace aún más elocuente el cambio. No se trata de una revisión de posturas olvidadas, sino de una corrección deliberada de una política activa.

Pocos días antes, Mali había anunciado igualmente que dejaba de reconocer a la entidad saharaui. Esta es ya la sexta retirada registrada en apenas dos años, una cadena de gestos diplomáticos que no puede atribuirse a la casualidad. Se trata de una tendencia estructural. Parte creciente de la comunidad internacional está corrigiendo posicionamientos adoptados en el calor de solidaridades tercermundistas hoy superadas, para abrazar una lectura más pragmática de la realidad sobre el terreno.

Detrás de este movimiento diplomático se encuentra la robustez de la propuesta marroquí. La iniciativa de autonomía, presentada ante las Naciones Unidas en 2007, ofrece a los habitantes del Sáhara una amplia autoadministración en el marco de la soberanía e integridad territorial del Reino. Calificada reiteradamente por el Consejo de Seguridad como «seria y creible», ha ganado adeptos progresivamente, mientras la alternativa separatista se hunde en el inmovilismo y la dependencia estructural de Argel.

El proceso ha cobrado impulso particular bajo la dirección personal del Soberano marroquí, Mohammed VI, cuya diplomacia activa ha transformado la ecuación política en torno a este expediente. El respaldo de potencias como Estados Unidos, Francia, España y Alemania a la propuesta de autonomia, sumado a la aceleración de las retiradas de reconocimiento a la RASD, configura un panorama. inédito: el aislamiento progresivo de la tesis secesionista.

El mapa diplomático del Sáhara se está redibujando. Lo que durante décadas fue presentado como un conflicto de descolonización aparece hoy con mayor claridad como una disputa artificial mantenida por actores externos, con Argelia a la cabeza, en nombre de una causa que no refleja los intereses reales de las poblaciones saharauis.

La pregunta que sobrevuela los pasillos diplomáticos ya no es si la RASD sobrevivirá a esta hemorragia de reconocimientos, sino cuántos otros países seguirán el mismo camino. La marea está cambiando. Y lo está haciendo en una sola dirección.

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