Tras casi una semana de tensión y un notable silencio que desató duras críticas políticas internas, el Gobierno paraguayo decidió actuar en el terreno diplomático. La Cancillería Nacional citó formalmente al embajador de Brasil en Asunción, José Antonio Marcondes, para entregarle una nota de protesta y exigir aclaraciones tras las controversiales declaraciones del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
El detonante ocurrió el pasado viernes 24 de julio, cuando el mandatario brasileño —durante un acto oficial en San Pablo— justificó el gasto militar de su país afirmando que «un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil». La afirmación, que simplifica el detonante de la Guerra de la Triple Alianza y atribuye a Paraguay el rol de único agresor omitiendo la previa intervención imperial en Uruguay, encendió de inmediato el repudio de legisladores, historiadores y la ciudadanía en general.
Sin embargo, el Poder Ejecutivo tardó seis días en articular una postura oficial frente al Palacio de Itamaraty. Mientras el Congreso aprobaba declaraciones de rechazo y calificaba los dichos como una distorsión histórica indignante, la Cancillería se mantuvo en una cautela que fue tildada por la oposición como un «incomodo silencio». Recién este jueves 30 de julio, las autoridades informaron sobre la convocatoria del diplomático vecino, argumentando que la diplomacia requiere tiempos y templanza, en un intento por cerrar filas y marcar límites en la relación bilateral.
Fuente: ABCDigital



