El engranaje del tráfico de armas en la región funciona como una maquinaria perfectamente aceitada donde el territorio paraguayo se ha consolidado como la gran plataforma de abastecimiento para las bandas narcocriminales más temibles de Brasil, alimentándose tanto de sofisticadas redes de importación legal desviadas al mercado negro como del drenaje constante en depósitos locales.

La reciente caída y extradición del empresario argentino Diego Dirisio a Brasil representa el cierre de uno de los capítulos más reveladores en este esquema transnacional. A través de la Operación Dakovo, las autoridades desarticularon una red multimillonaria liderada por Dirisio y su pareja, Julieta Nardi, quienes movieron cerca de 230 millones de dólares mediante el ingreso legal a Paraguay de al menos 25.000 armas procedentes de Croacia, Turquía y la República Checa. Una vez en suelo paraguayo, la trama transformaba la legalidad en contrabando: el armamento era trasladado a Ciudad del Este, donde se le limaban los números de serie para borrar cualquier rastro de trazabilidad antes de cruzar los ríos de la Triple Frontera hacia las manos de organizaciones como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho. El escándalo salpicó incluso a la cúpula militar paraguaya con la caída de exaltos mandos que facilitaban la impunidad y maniobras financieras diseñadas para esquivar las alarmas bancarias internacionales.
Sin embargo, mientras las grandes estructuras de triangulación internacional caen ante la justicia, el flujo hacia los carteles brasileños no se detiene y encuentra en la delincuencia común un canal permanente de recarga. Así lo demuestra el reciente golpe perpetrado en la madrugada asuncena (el 29 de agosto) dentro del depósito de la firma «POLOX SRL», representada ante la Dimabel por Hugo Portillo y cuyo director es Javier José Portillo Gómez. Una alerta de alarma a las dos de la mañana sobre la calle Del Maestro obligó a la intervención policial y al hallazgo del robo de un lote de 23 pistolas de la marca turca Tisas. La fuga de este botín técnico no es un hecho aislado ni un simple robo comercial; constituye el primer peldaño de la misma cadena delictiva, según los investigadores. Estas armas sustraídas en suelo paraguayo entran inmediatamente al circuito clandestino para tomar el mismo rumbo que el arsenal de Dakovo: terminar en el fuego cruzado del crimen organizado que domina las calles brasileñas.
Fuente: Elpais_america/ Elindepy



