Lo que comenzó en 2013 como una prometedora oportunidad para alcanzar la máxima excelencia académica terminó convirtiéndose en un dolor de cabeza legal y una denuncia de estafa que hoy sacude los cimientos judiciales. Entre 30 y 50 profesionales, incluidos jueces y abogados, se inscribieron en el “Doctorado y Maestría en Ciencias Penales” de la polémica Universidad Sudamericana (la que le dió un dudoso título de abogado al renunciante senador Hernán Rivas), un curso que no solo contaba con el aval de la Asociación de Jueces del Paraguay, sino que era impartido por el actual Fiscal General del Estado, Emiliano Rolón. Los alumnos cumplieron con rigor: asistieron a las clases, pagaron puntualmente una matrícula de G. 400.000 y 12 cuotas de G. 700.000 —descontadas directamente de sus salarios—, pero al final del camino se encontraron con las manos vacías. La exjueza Eva de Witte, una de las afectadas, reveló que, tras concluir el programa, la universidad se negó a entregar los títulos de doctorado prometidos, ofreciendo a cambio simples diplomas de especialización que muchos ya poseían.
El escándalo adquiere un tinte aún más oscuro al descubrirse una llamativa excepción en este desierto de títulos: el juez Luis Héctor Capurro Radice. Mientras el resto de sus colegas denuncia haber sido engañado, Capurro exhibe en su currículum oficial un flamante doctorado de la Universidad Sudamericana con la calificación “Sobresaliente Cum Laude”. El detalle que dispara las alarmas es que, según el testimonio de De Witte, Capurro nunca fue visto en las aulas ni participó de las clases junto al grupo de magistrados. La situación genera un ruido ensordecedor en el sistema judicial, ya que Capurro es precisamente uno de los jueces designados para juzgar a Hernán Rivas en su causa por presuntos títulos falsos. Entre promesas incumplidas y diplomas que aparecen de la nada, la sombra de la irregularidad envuelve a una institución vinculada a las altas esferas del poder, dejando a un grupo de juristas reclamando justicia por una formación que pagaron con dinero, tiempo y, sobre todo, con su confianza.
Fuente: ABC Digital



