Parece que en el sistema penitenciario paraguayo la gravedad no funciona como en el resto del planeta, o al menos eso nos querían hacer creer los encargados de cuidar a los presos. Cuando el exgobernador de Central, Hugo Javier González, terminó intubado y en coma inducido tras desplomarse en el baño de su celda en el penal La Esperanza, las autoridades oficiales apuraron el libreto de siempre: «se cayó solito por un ACV».
Sin embargo, la física, la medicina y el sentido común acaban de darles un bofetón de realidad. El médico forense Pablo Lemir presentó un informe técnico que desarma por completo la cómoda fábula de la «simple caída».
El chequeo especializado descartó que la causa haya sido un accidente cerebrovascular (ACV) espontáneo y confirmó que para semejante mapa de golpes en el cuerpo, el desplome tuvo que haber sido ridículamente complejo o, como sospecha cualquiera con dos dedos de frente, producto de una paliza. El catálogo de marcas que dejó este misterioso «resbalón» en el cuerpo del ex locutor es digno de una escena de combate. El diagnóstico incluye un hematoma con raspones lineales en el hombro izquierdo, un moretón de tres centímetros con rasguños en el antebrazo izquierdo, además de marcas en la mano, en el costado y una colección de múltiples moretones en el glúteo. Definitivamente, para lastimarse así en un baño tan pequeño hay que hacer acrobacias dignas del Cirque du Soleil o haber estado bajo el ataque de alguien más.
Mientras el exnúmero uno de las bailantas y la política departamental lucha por recuperarse en el Hospital Nacional de Itauguá, el Ministerio de Justicia —con el ministro Rodrigo Nicora a la cabeza— se limita a desplegar su habitual cautela burocrática. Dicen que evitarán apresurar hipótesis, aunque la fiscalía ya tuvo que empezar a tomar declaraciones a los guardias, a las enfermeras que lo encontraron ensangrentado y con los brazos hacia atrás, y al compañero de celda Luis Giménez, además de convocar al recluso Matías Velázquez por haber actuado de auxilio.
Por si a la novela le faltara sazón, saltó a la luz otro detalle de esos que en cualquier Estado serio harían volar cabezas de inmediato: el abogado Guillermo Gayoso reveló que su cliente venía recibiendo amenazas de muerte. Un condenado por tragarse miles de millones de guaraníes en fondos de emergencia durante la pandemia sufre un «accidente» casi fatal dentro de una cárcel estatal, justo cuando la sombra de las amenazas rondaba su celda. Pero claro, en la tierra del «aquí no pasa nada», el gobierno prefería convencernos de que el piso del baño estaba un poco jabonoso.
Fuente: Ultima Hora



