La historia repetida cuyo fin no se avizora, la invasión a la propiedad privada, mal endémico que amenaza la libertad y el derecho del individuo paraguayo y a la misma soberanía del ecosistema en el caso de la invasión y destrucción de bosques, como los que protegen las aguas que abastecen a la usina de Itaipú, vital para los intereses de nuestro país.

Finalmente fueron desalojados los ocupantes y taladores de los montes naturales al cuidado de la Itaipú Binacional en la jurisdicción de Puerto Indio en las comarcas litorales de Alto Paraná y Canindeyú. Desalojados e imputados como corresponde.
La entidad binacional inicia la inmediata reforestación de la zona depredada, la recuperación llevará años, generaciones, para que vuelva a ser lo que hasta hace poco fue, un monte como el que inspirara al maestro Herminio Giménez para componer su inmortal onomatopéyica “El canto de mi selva”.
El lugar arrasado ya no será igual hasta dentro de cien años, o más siempre y cuando la reforestación sea con especies nativas, con los mismos frutales silvestres que alimentaban a su diversidad de fauna que ahora está alejada porque unos cuantos, a cuentas de supuestas necesidades, avasallaron insultando los derechos naturales de seres vivientes, así sean árboles y/o animales silvestres.

¿Necesidades de los invasores de contar con tierras para asentarse y trabajar?, es probable como también es presumible que sea por el interés de extraer la madera a ser convertida en la mercancía a negociar con compradores cómplices de toda depredación de esta naturaleza y que no faltan desde hace décadas en el país.
Ahora fue la reserva de Itaipú, mañana quién sabe. Sí es sabido que es esta, la destrucción de reservas forestales, una costumbre manejada por quienes se hacen llamar líderes de supuestas organizaciones campesinas que buscan el bienestar de campesinos paraguayos.
La invasión de nuestros últimos bosques es – cosa curiosa – un tema casi prohibido en los medios de comunicación. No, dejemos así como está, porque ventilar genera antipatía, menos lectores, oyentes o televidentes; porque va contra los “pobres”, porque es antipático, presuntamente oligárquico y porque airearlo es cosa “del capitalismo salvaje, hambreador y criminal”.
Lo sabe la familia Núñez, de Yhú, que por generaciones mantuvo 10.000 hectáreas de bosque virgen hasta que, desde hace algunos años, los supuestos campesinos sin tierra, ingresaron al bosque protegido y a sus centenarios, milenarios tal vez, convirtieron en rollos, tablones, leña y carbón. Lo que fue un poderoso pulmón natural hoy no es sino una comarca con islas raleada de árboles y con su fauna exterminada.
(Efraín Martínez Cuevas, Redacción central de Cuarto Poder).


