La danza de nombres para la chapa presidencial del oficialismo ha desatado un verdadero incendio en las bases de Honor Colorado. La sola posibilidad de que Marco Riquelme, actual ministro de Industria y Comercio, se convierta en la dupla de Pedro Alliana ha caído como un balde de agua fría en la dirigencia tradicional.
En los pasillos del poder, a Riquelme ya lo bautizaron como el «paracaidista del gabinete», un outsider que intenta aterrizar en la estructura partidaria sin haber gastado suela ni construido un capital político propio.
Esta movida es vista como un capricho del ala técnica liderada por el presidente Santiago Peña y, especialmente, por el jefe de Gabinete, Javier Giménez, quien sería el principal impulsor de esta cuestionada figura.
Mientras el «caballo de Peña» genera anticuerpos por su falta de militancia, figuras de peso como Raúl Latorre y Juan Carlos Baruja esperan en los boxes con el respaldo de sus respectivos territorios y la bendición de una dirigencia que no está dispuesta a ceder espacios ante quienes consideran simples invitados de último momento.
La guerra fría por la candidatura a la vicepresidencia apenas comienza, y el rechazo a Riquelme es la primera piedra que el Comando Político deberá parchar si no quiere que el descontento de las bases pase a mayores.
Fuente: LPO Paraguay



