EL EPP PERDIÓ A SU REHÉN Y EL MINISTRO DE DEFENSA PERDIÓ EL LIBRETO

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El regreso a casa del joven colono Almir de Brum, tras permanecer secuestrado desde febrero por el autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), ha desatado un torbellino de contradicciones oficiales y una historia digna de una novela de supervivencia. Mientras el Gobierno inicialmente intentó atribuir la liberación a la asfixiante presión de las fuerzas estatales, la cruda realidad relatada por la propia víctima obligó al Ministro de Defensa a dar un golpe de timón en su discurso.

La odisea de Almir terminó cuando volvió a pisar su hogar, demacrado pero vivo. Según la declaración de su padre, Valmir de Brum, el joven no esperó ningún milagro político ni el pago de un rescate financiero: aprovechó un descuido de sus captores y se fundió en la inmensidad del monte. Durante cinco agónicos días caminó sin rumbo fijo, esquivando los peligros de la selva y guiado únicamente por su instinto, hasta encontrar ayuda. Esta versión familiar no solo echó por tierra los rumores de una negociación económica bajo la mesa, sino que dejó en evidencia los apresurados discursos del estamento de seguridad.

Apenas unas horas antes, las autoridades sostenían con orgullo que el grupo criminal se había visto forzado a soltar al colono porque los operativos los tenían acorralados y «sin posibilidad de movilizarse». Sin embargo, el ministro de Defensa Nacional, Óscar González, tuvo que recular públicamente ante los medios. Con una postura notablemente modificada, el secretario de Estado respaldó la versión del sobreviviente, confirmando de manera tajante que Almir se escapó por mérito propio, descartando además que el relato de la caminata sea una coartada de la familia para protegerse de represalias. 

«Escapado, porque fue eso lo que manifestó Almir al llegar a su casa», admitió el titular de Defensa, rindiéndose ante el testimonio directo del afectado. El impacto del caso ha reactivado las críticas sobre la efectividad de la presencia militar en el norte del país. Para aplacar los cuestionamientos que tachan de fracaso la lucha contra la insurgencia, el ministro González defendió con vehemencia el rol del Estado paraguayo, asegurando que el balance desde la creación del Comando de Defensa Interna (CODI) en 2014 es «absolutamente favorable» y que se ha evitado que la banda criminal cumpla sus objetivos estratégicos. Mientras el debate sobre el verdadero control del territorio continúa encendido, el hogar de los De Brum permanece bajo una estricta custodia militar reforzada, en un intento oficial por garantizar la seguridad de un joven que demostró que su propia audacia fue más rápida que cualquier operativo de rescate.

Fuente: ABC Digital 

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