En un país donde cada guaraní cuenta, el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal parece haber encontrado un pozo sin fondo para financiar su imagen en redes sociales y medios. Bajo la gestión de José Carlos Martin Camperchioli, quien permanece firme en su cargo desde 2018, la institución ha puesto en marcha una licitación que roza los G. 1.500 millones exclusivamente para «servicios de comunicación».
Los montos detallados en el portal de Contrataciones Públicas resultan, cuanto menos, sorprendentes para el bolsillo ciudadano: pagar G. 6.900.000 por una simple entrevista a una cámara o desembolsar más de G. 15 millones por un video institucional de apenas tres minutos son solo algunas de las cifras «jugosas» que figuran en el pliego. Incluso un GIF animado tiene un costo asignado de G. 2.800.000 y una transmisión por Facebook Live alcanza los G. 9.300.000, un presupuesto de lujo para una presencia digital que se suma a otro contrato reciente de G. 410 millones ya entregado para propaganda en medios.
Esta generosidad con el dinero público coincide sospechosamente con el deslumbrante despegue financiero de Martin Camperchioli. Mientras Senacsa gasta a manos llenas en publicidad, su presidente ha visto cómo su patrimonio personal se multiplicaba casi cinco veces en ocho años, pasando de G. 2.600 millones a la impactante cifra de G. 12.000 millones. El contraste es más que evidente en el exclusivo barrio Villa Morra, donde el funcionario estrenó recientemente una mansión que expertos inmobiliarios tasan en un millón de dólares, aunque él declaró ante la Contraloría que apenas vale G. 1.500 millones.
Entre licitaciones millonarias para videos y una declaración jurada que parece no reflejar la realidad de sus paredes, la gestión de Camperchioli queda bajo la lupa de una ciudadanía que observa cómo la «salud animal» parece ser el pretexto perfecto para un festín de facturas y ladrillos de oro.



