En una reveladora entrevista concedida hace exactamente seis años, en enero de 2020, el recordado diplomático y exdirector de Ceremonial del Estado, Conrado Pappalardo Zaldívar (+), desempolvó uno de los episodios más tensos y silenciados de la historia sudamericana.
Detrás de la creación de Itaipú Binacional, la colosal represa que hoy abastece a la región, no estuvo únicamente una visión de desarrollo energético, sino una dramática crisis militar al borde de la guerra, provocada por la invasión armada de Brasil a un enclave paraguayo.
El conflicto tuvo su detonante a mediados de 1965 en las inmediaciones del Salto del Guairá. En virtud del Tratado de Límites de 1872, al Paraguay le correspondía la parte más alta del territorio, dominio que le otorgaba soberanía sobre cinco de los siete saltos. Sin embargo, en el terreno de la delimitación, la dictadura brasileña decidió desconocer la historia. Durante los trabajos de demarcación, el representante militar brasileño le advirtió fríamente al mayor paraguayo Meza Guerrero que obedecía órdenes superiores estrictas: la totalidad de los Saltos del Guairá debía pasar a ser propiedad de Brasil.
Ante semejante pretensión, la respuesta desde Asunción no tardó en llegar. El entonces ministro del Interior, Édgar Ynsfrán, envió de urgencia a la zona a su viceministro Nelson Villate. Al descender del avión en Salto del Guairá, Villate congregó a los alumnos de la escuela local, cantó el Himno Nacional con ellos e izó la bandera paraguaya en Puerto Renato. La reacción del gobierno militar del mariscal Humberto Castelo Branco fue aplastante: esa misma noche, un batallón de frontera del Ejército brasileño invadió y ocupó militarmente por completo el Puerto Renato, desalojando la presencia paraguaya.
Sorprendido y alarmado por la invasión armada al puerto, el gobierno paraguayo envió una comitiva diplomática de emergencia para constatar la gravedad de la ocupación, integrada por Pappalardo, el asesor jurídico Carlos Saldívar y el viceministro de Relaciones Exteriores. Al descender en la pista de aterrizaje adyacente al puerto, las tropas del Ejército brasileño los encañonaron y apresaron de inmediato. Ignorando sus credenciales de embajadores, los militares extranjeros los mantuvieron como prisioneros de guerra durante seis horas agónicas, mientras solicitaban instrucciones a sus mandos superiores antes de liberarlos sin ofrecer explicaciones ni disculpas.
Poco después, Pappalardo fue enviado en misión confidencial a Brasilia para reunirse con João Baptista Figueiredo, entonces jefe del Servicio Nacional de Inteligencia y futuro presidente brasileño. La respuesta del régimen militar vecino fue tajante e inflexible: ni la cancillería de Itamaraty ni las Fuerzas Armadas brasileñas abandonarían jamás el ocupado Puerto Renato. Paraguay quedaba así acorralado, con soldados extranjeros asentados en su territorio y con un acceso al mar históricamente estrangulado por la dependencia de los ríos argentinos.
El punto de giro decisivo ocurrió en noviembre de 1965 con la llegada a Asunción del secretario de Estado de los Estados Unidos, Dean Rusk. Al ser informado detalladamente sobre la invasión a Puerto Renato y el arresto de los diplomáticos paraguayos, el enviado estadounidense emitió una fuerte declaración pública de respaldo irrestricto a la soberanía paraguaya. La presión geopolítica ejercida por Washington descolocó a la cúpula brasileña.
Tan solo tres días después del pronunciamiento norteamericano, desembarcó en Asunción el general Costa e Silva, figura fuerte del gobierno de Brasil. La propuesta traída desde Brasilia para resolver la invasión al puerto fue astuta: construir de manera conjunta una monumental represa hidroeléctrica al sur del Salto del Guairá con reparto equitativo del 50% de la energía. De esa forma, la disputa territorial y la invasión militar al puerto quedarían canceladas para siempre, literalmente sepultadas y borradas bajo las profundas aguas del embalse. Así fue como nació Itaipú, no solo como una obra maestra de la ingeniería, sino como la salida política que evitó un conflicto militar y sepultó un puerto invadido bajo el agua.
Fuente: Holazar/ ABC Digital




