La crisis en el Instituto de Previsión Social parece no tocar fondo y la paciencia de miles de trabajadores cotizantes finalmente se agotó. Entre pasillos desbordados, la falta crónica de medicamentos esenciales y citas médicas otorgadas a meses de distancia, los asegurados levantaron la voz con profunda indignación.
Esta vez, el blanco principal de las críticas fue el doctor Isaías Fretes, a quien la ciudadanía califica tajantemente como un «ñe’ẽ rei», esa expresión guaraní que define a la perfección a quien mucho habla pero nada resuelve.
Día tras día, la desgarradora historia se repite tanto en el Hospital Central como en las diversas clínicas periféricas de la previsional. Madres con hijos en brazos, adultos mayores que apenas pueden sostenerse en pie y pacientes con enfermedades crónicas forman interminables filas desde altas horas de la madrugada con la simple esperanza de conseguir una consulta o retirar los remedios que mes a mes pagan con el descuento de sus salarios. Sin embargo, al llegar a la ventanilla, la respuesta casi invariable sigue siendo la misma: un tajante «no hay».
Frente a este escenario desolador, las declaraciones y discursos del doctor Isaías Fretes generaron un profundo malestar entre los asegurados. Los afectados expresan que las constantes promesas de reestructuración, optimización de recursos y mejoras en la atención no son más que palabras al aire que contrastan fuertemente con la cruda realidad de los hospitales. Para las familias que sufren el desabastecimiento y deben recurrir a sus propios escasos recursos para comprar desde jeringas hasta remedios de alto costo, los discursos oficiales no curan ni resuelven la emergencia.
La indignación popular refleja el agotamiento de una sociedad que exige un cambio radical y transparente en la administración del seguro social. Los aportantes enfatizan que no están pidiendo favores ni dádivas, sino el cumplimiento de un derecho básico por el que pagan de manera puntual, sufriendo a diario la falta crítica de insumos básicos y remedios esenciales para tratamientos de alta complejidad como la vincristina, la morfina y diversos fármacos oncológicos.
Mientras las respuestas de las autoridades se limiten a explicaciones mediáticas sin un impacto directo en la atención, el malestar ciudadano continuará en aumento y la presión sobre la gestión del IPS no dará tregua.



