En los pasillos del Instituto de Previsión Social (IPS), la matemática oficial pierde toda vigencia cuando choca contra la urgencia de los enfermos. Mientras el titular de la entidad, Isaías Fretes, presume una drástica reducción en el desabastecimiento de medicamentos, los asegurados se ven obligados a deambular diariamente frente a ventanillas completamente vacías.
Durante una reciente conferencia tras reunirse con parlamentarios, el presidente de la previsional reaccionó con molestia ante las preguntas de la prensa. Exaltado, exigió que «no se instale» la percepción de una crisis y defendió su gestión asegurando que el faltante de fármacos bajó del 63% al 19% en solo tres meses gracias al combate a la corrupción. Sin embargo, para los miles de trabajadores y jubilados que aportan mes a mes de manera obligatoria, la planilla de porcentajes no resuelve la emergencia: la ausencia de un solo medicamento vital para la presión, la diabetes o enfermedades neurológicas puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
La respuesta ciudadana más contundente ante el triunfalismo oficial vino de la mano de la asegurada Norma Caballero, quien resumió el sentir de miles de aportantes con una frase desgarradora: «Cómo no se va a instalar, señor presidente, si no hay nada de medicamentos. Es muy triste». Su testimonio refleja el Calvario cotidiano en el Hospital Central, el Hospital Ingavi y los centros asistenciales del interior, donde remedios esenciales como losartan, pregabalina, atenolol o levetiracetam brillan por su ausencia.
La crisis alcanza niveles aún más dramáticos en áreas de alta complejidad. Pacientes con enfermedades autoinmunes denuncian que llevan semanas esperando fármacos biológicos indispensables cuya provisión había sido prometida para días atrás, obligándolos a interrumpir tratamientos crónicos con consecuencias irreversibles para su salud. Para colmo de males, la institución desactivó temporalmente la opción de consultar el stock de remedios en la plataforma digital «Mi IPS», dejando a la ciudadanía a ciegas y sumando opacidad a un sistema de salud que agoniza entre la burocracia y la falta de empatía.
Fuente: ABCDigital



