PEÑA Y LOS SOBRES MILLONARIOS: EL PRESIDENTE QUE NO MANDA NI EN SU PROPIA CASA

Publicado:

#Editorial

El comunicado de Santiago Peña por redes sociales fue una farsa, una pieza de evasión, vestida de sentimentalismo barato, que no respondió a lo único que importa y que lo debió explicar por la investidura presidencial: los sobres del poder.

No habló del dinero, no habló de responsabilidades, no habló del hálito de corrupción que circula en Mburuvicha Roga, nada más y menos que la casa presidencial.

El número uno del Ejecutivo se refugió en un relato familiar y meloso, como si la dignidad de la República se midiera en vínculos personales y no en la transparencia del poder.

Pero lo más ruin vino a la par: el cartismo y su amplio aparato del enjambre digital salieron a tratar de ayudar y blindar al presidente con la estrategia más baja y cobarde: el argumento “ad hominem” contra Luz Candado, y en vez de explicar por qué había sobres circulando en la residencia presidencial, se dedicaron a desacreditarla, diciendo que tenía una larga lista de familiares en la función pública, dando a entender que era ella quien mandaba, como si el pecado de una persona fuera la coartada perfecta para lavar el crimen del poder, como si atacar a una mujer fuese suficiente para esconder la podredumbre que asoma en huestes del poder.

Ese ataque no solo fue miserable, fue revelador: dejó en evidencia que Peña no manda ni en su propia casa, y si necesita que los cartistas salgan a ensuciar a su excolaboradora para sostener su silencio, es porque su autoridad es un cascarón vacío que no puede sostener un contrarelato y hacer frente a lo que la Sra. Luz Candado contó y con pruebas.

El presidente habla de confianza, pero lo cierto es que ni en Mburuvicha Roga ordena, ni en el Palacio de López gobierna; el primero se convirtió en mercado de sobres, el segundo en escenografía hueca para actos protocolares.

Lo más indignante para el ciudadano es el contraste: mientras el paraguayo humilde se desvela por llevar pan a la mesa, en la casa presidencial fluían sobres con dinero y favores, pues lo que sobra en Mburuvicha Roga es lo que falta en los bolsillos del trabajador, y mientras Peña se esconde, los cartistas ensucian, los pobres pagan la factura del saqueo.

Peña ya había mostrado su debilidad moral: pasó del liberalismo al coloradismo al mejor postor, se afilió en una tarde para no perder su cargo político, lo que demostró siempre que su brújula y norte nunca fue la convicción, sino el materialismo.

Hoy esa debilidad estalla en el poder: calla para proteger a quienes le sostienen, aunque eso signifique traicionar al pueblo.

Y ese silencio empieza a incomodar no solo a la ciudadanía, sino al propio movimiento Honor Colorado, porque allí donde se exige firmeza, Peña ofrece vacilación; donde se impone mando, él muestra obediencia; donde se necesita un presidente, aparece un subordinado.

Un movimiento que vive de la fuerza no perdona la debilidad, y Peña, con cada evasiva, se hunde en el descrédito, arrastrando consigo al cartismo entero, que, por principio de gravedad política, va cayendo a lo más bajo en la estima ciudadana.

La conclusión es brutal: en Paraguay, los sobres millonarios pesan más que la palabra presidencial.

Peña no gobierna, administra la decadencia; no conduce, obedece; no defiende al pueblo, lo traiciona, y lo peor es que lo hace con la tranquilidad de quien no entiende que, mientras protege sobres en su casa, deja sin pan a miles de hogares humildes.

Compartir la publicacion

Subscribete

spot_imgspot_img

Popular

Más como esto
Related