PLACAS, CASINOS Y CAMAROS CONVERTIBLES: EL INCREÍBLE MILAGRO FINANCIERO EN LA POLICÍA

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Proteger y servir parece ser el lema oficial de la Policía, pero para algunos altos mandos la verdadera consigna da la impresión de ser «emprender y presumir». Mientras la ciudadanía lidia día a día con la inseguridad en las calles, en las filas policiales se comenta con asombro cómo varios jefes parecen estar mucho más enfocados en sus prósperos negocios particulares que en la propia seguridad pública, exhibiendo sin ningún tipo de timidez su holgada economía en las redes sociales.

El caso que hoy se lleva todos los aplausos y murmullos entre los propios uniformados es el del comisario Sandro Ramón Gill Esteche, actualmente asignado al Departamento de Operaciones Tácticas en Villa Hayes. Según comentan entre susurros sus propios camaradas, el agente sería el flamante dueño de varias salas de casino en el departamento Central. Una proeza empresarial digna de estudio, considerando que su salario oficial ronda los diez millones de guaraníes, lo que equivale a unos tres salarios mínimos.

Pero donde la historia se vuelve un verdadero espectáculo es en el mundo digital. Mientras el ciudadano común usa las redes para subir fotos del almuerzo o del perro, el comisario deleita a sus seguidores con un catálogo digno de celebridad: paseos a toda velocidad en jet ski, viajes en avioneta, camionetas cero kilómetro y potentes autos deportivos de lujo.

La estrella indiscutible de su perfil es un imponente Chevrolet Camaro negro convertible, el vehículo que tanto le gusta presumir frente a la cámara. Lo insólito del asunto es que, aunque en el Registro del Automotor el auto figura flamantemente a su nombre, la nave parece jugar al escondite con los papeles oficiales, ya que no aparece por ningún lado en su última declaración jurada presentada ante la Consultoria. En dicho documento tampoco hay rastro de casinos ni de firmas comerciales; solo constan propiedades en su zona natal de Concepción y su modesto sueldo estatal.

Frente a este panorama, queda picando la gran pregunta que ni los mejores peritos de la fuerza logran responder: ¿cuál es la fórmula secreta para mantener semejante estilo de vida de magnate ganando lo mismo que un empleado administrativo promedio?

Al final, tal vez muchos piensen que simplemente están siguiendo el ejemplo de la cúpula. Basta recordar el revuelo que provocó el excomandante de la Policía y actual viceministro de Seguridad Interna, Carlos Benítez, cuando salieron a la luz las imágenes de su majestuosa residencia y quinta en la ciudad de Areguá, una propiedad fuertemente amurallada, con portones eléctricos, quincho de lujo y cancha de tenis iluminada. Aunque el alto jefe salió a aclarar que la finca era fruto de una herencia familiar y del esfuerzo conjunto de sus hermanos para protegerse de los «chespis», el episodio dejó claro un patrón preocupante. 

Mientras la ciencia económica intenta descifrar si en las filas policiales existe un talento sobrehumano para el ahorro, la gente en la calle sigue esperando que esa misma efectividad para multiplicar bienes se aplique, aunque sea un poquito, a combatir la delincuencia.

 Próxima nota: Cómo triplicar tus inmuebles en 5 años y comprar un auto deportivo de lujo con tres salarios mínimos.

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