Hay olvidos comunes y cotidianos, como el de las llaves, el del paraguas o el de apagar la cocina antes de salir, pero olvidarse de la cédula de identidad el mismísimo día de ir a votar ya juega en otra liga de despistes.
Resulta que Justo «Lucho» Zacarías, nada más y nada menos que el flamante director de la entidad binacional Itaipú, llegó con toda la pompa, las sonrisas de campaña y el pecho inflado de patriotismo hasta el Centro Regional de Educación de Ciudad del Este. El hombre caminaba firme, saludando a diestra y siniestra, directo a cumplir con su sagrado deber ciudadano en la mesa número 47.
Todo era perfecta armonía democrática hasta que llegó el momento de la verdad. Al estar frente a las autoridades de mesa, los vocales estiraron la mano esperando el documento de identidad. Lucho se palmeó los bolsillos del pantalón, revisó el saco, tanteó de vuelta y ¡oh, sorpresa! La billetera brillaba por su ausencia. En un abrir y cerrar de ojos, la imponente figura del titular de una de las hidroeléctricas más grandes del planeta se redujo a la de cualquier mortal que pasa un tremendo papelón en la fila del supermercado.
La icónica frase «¡No traje mi cédula, qué pelada boludo!» flotó en el aire, transformando las miradas de respeto en risitas contenidas entre los presentes. Al final, ni todos los millones de voltios de Itaipú juntos pudieron iluminar la memoria del director, quien tuvo que dar media vuelta con la cola entre las patas, confirmando que a la hora de ir a las urnas, la distracción no perdona cargos, títulos ni billeteras.
Fuente: Radio 780 AM


