LISTA 1: CANDIDATOS CON SUELDO DEL PUEBLO Y LA BOCA LLENA DE PROMESAS

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Hacer campaña electoral en Paraguay es una disciplina de alto rendimiento, pero hacerla cobrando un jugoso sueldo público sin marcar tarjeta es directamente un arte milenario. La célebre Lista 1 de concejales de Asunción nos regala una vez más ese fenómeno de la física política donde una sola persona puede estar simultáneamente abrazando doñas en un mitin de barrio, administrando millonarios recursos estatales y cobrando a fin de mes como si estuviera encadenada a su escritorio.

Desde la mismísima cúpula de la Essap hasta los pasillos de la Municipalidad de Asunción, la Binacional Yacyretá, el IPS y la Cámara de Diputados, la nómina de postulantes parece más un organigrama de la función pública que una propuesta de renovación municipal.

Encabezando esta tropa de entusiastas del doble servicio está Gerardo “Gringo” Benítez, quien entre número y número de la Dirección Financiera del agua potable saca tiempo para juntar votos. Le siguen concejales veteranos del presupuesto como Miguel Sosa, exsecretarios con superpoderes de ubicuidad como Sebastián Radice y un nutrido pelotón de ediles —Esgaib, Centurión, Escobar, Lara, Cáceres, Calonga, Acuña, Pintos y Almirón— que buscan la milagrosa reelección. La lista continúa con nombres como “Arki” Sotomayor, José Plate, Iván Chilavert, Dany Fernández, Axel Mongelós, Óscar Noldin, Tino Ayala y Piriky Rodríguez, demostrando que en el Estado siempre hay lugar para un candidato con ganas de trabajar… o al menos de figurar en la planilla.

Mientras un mortal común pierde el empleo si se ausenta media hora para ir al médico, estos muchachos logran multiplicar sus horas del día en una especie de milagro bíblico del ausentismo remunerado. Entre cuestionamientos por tráfico de influencias, supuestos pedidos de «peajes» y pases de bando dignos del mercado de pases del fútbol, nos venden la idea de que van a cambiar la ciudad que ellos mismos vienen administrando hace años. 

La solución moral sería pedir permiso sin goce de sueldo o renunciar para competir en igualdad de condiciones, pero exigir semejante sacrificio a la clase política es como pedirle a un gato que cuide la carnicería. Al final del día, los asuncenos no solo pagamos los baches de la ciudad, sino que también le financiamos el combustible, la caravana y los bocaditos a los mismos de siempre.

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