Una jornada de extrema tensión y pánico se vivió ayer en los alrededores de la Casa Blanca luego de que agentes del Servicio Secreto abatieran a tiros a un joven de 21 años, identificado como Nasire Best, quien abrió fuego contra las fuerzas de seguridad en un puesto de control del perímetro presidencial. El violento ataque desató escenas de caos absoluto en los jardines del complejo, donde decenas de periodistas tuvieron que arrojarse de inmediato al suelo y buscar refugio de emergencia ante los gritos desesperados de los uniformados que ordenaban ponerse a salvo.
El agresor se aproximó a la zona de control portando una bolsa, de la cual extrajo un arma de fuego con la que comenzó a disparar de forma directa hacia el personal de seguridad. En medio del intercambio de disparos, un transeúnte que circulaba por las inmediaciones también resultó herido de bala. Mientras el tiroteo se desarrollaba en los accesos exteriores, el presidente Donald Trump permanecía dentro de la residencia oficial, resguardado y monitoreando en tiempo real las negociaciones para establecer un alto el fuego con Irán.
A raíz de la gravedad de los acontecimientos, la sede del Ejecutivo estadounidense fue puesta bajo un estricto cierre de seguridad que se prolongó durante aproximadamente una hora. Poco después de controlada la situación, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) desplegó a sus agentes en el lugar para asumir la investigación y colaborar estrechamente en el esclarecimiento del grave suceso.
Finalmente, los primeros reportes de las autoridades judiciales arrojaron luz sobre el perfil del atacante, revelando que Best contaba con un historial de incidentes previos dentro del perímetro restringido de la Casa Blanca. Asimismo, se confirmó que el joven padecía severos problemas de salud mental, habiendo permanecido internado en un centro psiquiátrico el año pasado tras protagonizar un altercado público en el que aseguraba ser «Jesucristo».
Fuente: Ñanduti



