En un operativo relámpago que vuelve a poner bajo la lupa la infiltración del crimen organizado en las fuerzas de seguridad, agentes de la Secretaría Nacional Antidrogas interceptaron a un efectivo policial en pleno departamento de Alto Paraná mientras transportaba un poderoso armamento bélico.
El uniformado llevaba oculto en su vehículo un lote de 20 fusiles de guerra de alto calibre, armas de gran poder de fuego destinadas presuntamente a abastecer a estructuras criminales que operan en la zona fronteriza.
La intervención se concretó tras un minucioso trabajo de inteligencia y seguimiento que permitió rastrear los movimientos del sospechoso a lo largo de las rutas del este del país. Al verse acorralado por las fuerzas especiales, el oficial no tuvo margen de reacción. Durante la inspección del automóvil, los investigadores hallaron el cargamento de fusiles minuciosamente acondicionado y listo para su entrega final.
Este procedimiento no solo logra sacar de circulación un arsenal capaz de causar un enorme daño, sino que también abre una investigación de gran escala para determinar qué organización delictiva financió el cargamento y si existen más agentes o nexos institucionales involucrados en esta red de tráfico ilegal de armas.


