Si existiera un campeonato mundial de ascenso laboral acelerado, José Luis Rodríguez Robertti se llevaría la medalla de oro, el trofeo y probablemente la designación de un nuevo cargo directivo. En tan solo trece años, este joven dirigente político logró lo que a la mayoría de los paraguayos les tomaría unas cuantas vidas: multiplicar su sueldo estatal por casi veinte, pasando de un humilde millón y medio de guaraníes a una abultada billetera que roza los 31 millones mensuales.
La historia comenzó en 2012, cuando con apenas 20 años ingresó a la Cámara de Diputados en calidad de contratado cobrando G. 1.500.000. Cualquier mortal habría pensado en sobrevivir al pasaje y a la empanada a mitad de mañana, pero José Luis tenía planes mucho más ambiciosos. Para 2018 logró el anhelado nombramiento con un salario de G. 3.200.000, e inmediatamente pisó el acelerador. Pasó por la asesoría ganando G. 5.200.000 y en 2023 dio el primer gran salto cuántico: fue nombrado director de Gestión Documental en Diputados con una remuneración que trepó de golpe a los 20 millones.
Pero el techo en el Estado es una ilusión cuando se lleva la bandera adecuada en la solapa. En julio de 2024, desembarcó en la Cámara Alta convocado por el titular de la Cámara de Senadores, Basilio «Bachi» Núñez, quien lo convirtió en su director de Asuntos Políticos. Hoy en día, la nómina oficial del Congreso indica que este bendecido funcionario percibe la friolera de G. 29.287.700 al mes.
Por si a fin de mes faltaba algo para el combustible, la vocación de servicio del titular de la Juventud Colorada no termina en el Poder Legislativo. Como también se da tiempo para integrar el Consejo Superior Universitario de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), suma otros G. 1.717.400 por asistir a las sesiones. Así, entre expediente y expediente, la suma total de dinero público que llega a sus arcas supera los 31 millones de guaraníes cada treinta días.
El propio protagonista suele defender su meteórico éxito argumentando que es abogado, escribano, que ingresó por concurso y que todo se debe al esfuerzo personal y la meritocracia. Sin embargo, en los pasillos de la política no son pocos los que recuerdan la vieja máxima no escrita: para progresar rápido en la función pública, más que la pared llena de títulos universitarios, lo que realmente abre los portones de oro es el carné partidario y una incondicional lealtad al equipo de turno.
Actualmente, mientras ejerce su flamante dirección de confianza en el Senado y preside la Comisión de la Juventud de la ANR, Rodríguez Robertti no descuida las pistas: se lo ve de lo más sonriente participando activamente en la campaña electoral en apoyo a Camilo Pérez para la Intendencia de Asunción. Un verdadero ejemplo de cómo multiplicarse en mil tareas sin perder el entusiasmo ni el abrumador cheque mensual.
Fuente: ABC Digital



