Si usted siente que la suspensión de su vehículo le pide la renuncia a mitad de camino y que su viaje matutino se parece más a un rally espacial en la Luna que a un recorrido urbano, tranquilidad: no ha cambiado de planeta, simplemente está transitando por la avenida Pratts Gill.
Los conductores, transeúntes y sufridos pobladores de la zona asisten a diario a una competencia sin igual donde los pozos no solo abundan, sino que disputan un torneo interno para ver cuál alcanza dimensiones más monstruosas. La situación es de tal magnitud que en los talleres mecánicos de las inmediaciones ya evalúan erigir un monumento al bache, mientras la arteria le disputa palmo a palmo el codiciado trono del asfalto destruido a la mismísima avenida «Bachelino» Martínez.
Además de actuar como una trampa y destrozar amortiguadores sin compasión, esta asombrosa geografía de cráteres paraliza por completo el flujo vehicular. Moverse hacia el centro de San Lorenzo o intentar cruzar hacia Villa Elisa y Ñemby se ha transformado en una verdadera prueba de paciencia cósmica, donde las filas kilométricas y los embotellamientos son la constante de cada jornada. Ante este panorama digno de una comedia de enredos, los vecinos exigen una intervención urgente de las autoridades antes de que los pozos terminen solicitando autonomía municipal.
Fuente: Npyoficial


