¡Salió la sentencia y de inmediato se activó el Modo Víctima en el oficialismo! Tras un proceso judicial cargado de revelaciones insólitas, el exsenador cartista Hernán Rivas acaba de ser condenado a ocho años de cárcel por el delito de producción y uso de documentos públicos de contenido falso.
La presidenta del Tribunal de Sentencia, la jueza María Fernanda García de Zúñiga, desnudó el fraude calificando a Rivas como un auténtico «alumno fantasma»: no se encontraron registros de sus exámenes, la carrera de Derecho ni siquiera estaba habilitada en la filial donde supuestamente estudió, no hubo huellas de su tesis y el Ministerio de Educación (MEC) le registró el cartón express en tan solo seis minutos. Por si fuera poco, se supo que el decano firmó el documento dentro de un auto y en plena vía pública.
Con semejante bomba judicial sobre la mesa, en la bancada oficialista nadie tardó un segundo en sacar los pañuelos y posar como engañados. El encargado de liderar el show de la inocencia fue el senador Gustavo Leite, quien corrió a sus redes sociales para desmarcarse de su antiguo compañero de filas. Con un dramatismo digno de telenovela de la tarde, Leite soltó sin despeinarse: “En verdad Hernán Rivas nos mintió y caímos casi todos”. ¡Por favor, que alguien les acerque un poco de consuelo, que casi nos hacen llorar!
Resulta que ahora nadie blindó a Rivas, nadie lo sostuvo ni nadie sospechó jamás del genio jurídico que terminó presidiendo nada más y nada menos que el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, el órgano supremo encargadísimo de juzgar a jueces y fiscales en Paraguay. No, ellos no tuvieron la culpa: simplemente fueron inocentes palomitas engatusadas por la deslumbrante labia del colega.
Para rematar la jugada y lavarse las manos al mejor estilo de Poncio Pilato, el senador Leite exigió además que la Justicia persiga a los verdaderos responsables y cómplices en la universidad y en el MEC que permitieron que el documento circulara por los pasillos del poder. Traducido al guaraní y al cristiano: “A nosotros no nos miren, a nosotros nos vieron la cara de buena gente; la culpa es del sistema”.
Así baja el telón de esta tragicomedia política: con Hernán Rivas con un pie en la cárcel por su flamante cartón universitario inventado y sus leales aliados cambiando la capa de protectores para disfrazarse de Pobres Víctimas del engaño. ¡Historias insólitas que solo la política paraguaya nos puede regalar!



