La Corte Suprema de Justicia decidió ignorar por completo al polémico agente fiscal Aldo Cantero al momento de resolver la terna para el cargo de Juez de Primera Instancia de la Capital. Tras intensos debates tras bambalinas, la máxima instancia judicial decidió designar oficialmente al abogado Osvaldo Ariel Prates Grassi para ocupar el codiciado sillón magistrado.
Para entender el verdadero peso de este rechazo, es necesario mirar hacia atrás. La sola inclusión de Aldo Cantero en las ternas del Consejo de la Magistratura ya había desatado polémica. Su postulación venía precedida por una enorme ola de críticas debido a su implicación en escandalosas filtraciones de chats, donde supuestamente recibía instrucciones directas del abogado del expresidente Horacio Cartes para armar imputaciones «a medida», como la que afectó a Mario Abdo Benítez. A esto se le sumaban polémicos antecedentes de «tarifas» judiciales y cuestionados manejos en otras causas fiscales.
La indignación ciudadana y gremial creció aún más cuando el Consejo de la Magistratura decidió acomodarlo en la primera línea de la nómina, dejando de lado y relegando a profesionales con perfiles impecables y de alto nivel técnico para la lucha judicial, como el fiscal de Crimen Organizado Deny Yoon Pak. El ingreso de Cantero fue visto por la opinión pública como un descarado intento de «premiar» el sometimiento político por encima de la idoneidad y el mérito académico.
Sin embargo, en un giro inesperado que redefine los equilibrios internos de la justicia, la Corte Suprema prefirió soltarle la mano al cuestionado agente. Al optar por Prates Grassi, las máximas autoridades enviaron una señal de prudencia ante el ensordecedor ruido mediático y político, cerrándole la puerta a un Cantero que, pese a tener los hilos del poder de su lado durante todo el concurso, terminó quedándose con las manos vacías en el último y más crucial tramo del camino.



