GOTERAS DE MILLONES, FALTA DE TURNOS Y FARMACIAS VACÍAS: EL ROSTRO DEL DÍA A DÍA DE LOS ASEGURADOS EN EL IPS 12 DE JUNIO

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El agua no solo cae del cielo, también se filtra de forma implacable a través del techo de una estructura que le costó a los asegurados del IPS la fortuna de 49.000 millones de guaraníes.

La Clínica 12 de Junio de la previsional, pompón de promesas institucionales que llegó a ser inaugurado con bombos y platillos por el propio presidente de la República, se convirtió en el escenario de una triste ironía: pacientes que deben resguardarse bajo paraguas dentro del mismísimo hospital.

La indignación colectiva cobró fuerza y obligó a las autoridades a salir de las oficinas. El propio presidente del IPS, Isaías Fretes, se apersonó en el lugar en una verificación donde no hizo falta buscar demasiado para encontrar los desperfectos.

El panorama fue contundente y el veredicto oficial demoledor, ya que se constató que cerca del 80% del moderno hospital sufre de goteras crónicas. Ante el riesgo inminente de que el cielo raso se desplomara sobre los enfermos, la precaria solución de los encargados fue abrir parches en el techo para liberar el agua estancada. 

La obra, ejecutada con fondos multimillonarios aportados por trabajadores y empresarios, todavía no fue recepcionada de manera definitiva por el IPS, abriendo la puerta a urgentes medidas legales y correcciones edilicias contra los contratistas.

Sin embargo, el drama del agua que se cuela por el techo fue apenas el detonante de un malestar mucho más profundo. A medida que la comitiva avanzaba por los pasillos inundados, los asegurados rompieron el silencio y rodearon a las autoridades para lanzar un clamor desesperado. El calvario no es solo edilicio, sino burocrático y humano. Jubilados y familiares de pacientes relataron la odisea cotidiana de intentar conseguir un turno médico, lográndolo a veces tras meses de espera, solo para encontrarse con farmacias vacías. Testimonios desgarradores expusieron cómo ancianos de la tercera edad viajan gastando lo que no tienen en plataformas de transporte para regresar a sus hogares con las manos vacías y el dolor a cuestas.

Entre el agua que cae adentro y el desabastecimiento crónico, la millonaria estructura se sostiene hoy como un monumento a la desidia, donde los aportantes pagan el precio más alto con su propia dignidad.

Fuente: ABC Digital

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