Mientras el paraguayo común hace malabares para sobrevivir y el Gobierno llama a una Economía de Guerra, la Entidad Binacional Yacyretá se consolida como un refugio de oro para los amigos del poder. No es una institución pública, es un país paralelo donde el mérito es un estorbo y el apellido es la única llave de entrada.
Allí, hijos de legisladores, esposas de ministros y operadores políticos aterrizan en cargos con salarios que insultan la pobreza nacional, blindados por un sistema de privilegios que no conoce de concursos ni de vergüenza.Esta casta de «elegidos» no entra para servir, sino para servirse de una caja que parece no tener fondo.
Los contratos se cocinan en quincho y pasillo, robándole el espacio a jóvenes brillantes que hoy deben emigrar porque los puestos estratégicos están ocupados por herederos del prebendarismo. La planilla de la EBY es hoy el mapa de la impunidad: un catálogo de favores devueltos con el dinero de la gente. Hasta que no se desmantele este feudo de parientes, seguiremos siendo un país dividido entre una mayoría que sufre la realidad y una minoría que vive del descaro.
Fuente: Última Hora





