Mientras los ciudadanos honestos descansan con la frágil esperanza de despertar en un entorno seguro, las calles de Lambaré se han convertido en el escenario ideal para el libre albedrío delictivo. En horas de esta madrugada, la impunidad volvió a firmar un acta de posesión en la comunidad, dejando en evidencia un secreto a voces: los robacoches gozan de una salud envidiable y operan con total tranquilidad, amparados por la alarmante y crónica ausencia de patrullaje preventivo por parte de las fuerzas de seguridad.
El último episodio de esta preocupante saga delictiva quedó registrado con nitidez en las cámaras de seguridad de un edificio de departamentos local. Las imágenes del circuito cerrado revelan una secuencia indignante por su facilidad: dos hombres ataviados con abrigos tipo canguro se aproximaron con absoluto desparpajo a un automóvil Toyota Vitz, de color plata y con chapa AAAX911. Sin prisa pero sin pausa, y demostrando una destreza criminal que solo la falta de vigilancia permite perfeccionar, forzaron las puertas del rodado y se lo llevaron en cuestión de minutos, despojando a una familia trabajadora de su herramienta de movilidad.
Este ataque, perpetrado en las sombras de la madrugada, no hace más que reavivar un cuestionamiento punzante que resuena en cada esquina lambareña: ¿Dónde están las patrullas policiales cuando el ciudadano común duerme? La prevención del delito parece haberse transformado en un concepto abstracto, reemplazado por una alarmante inacción que regala la vía pública a la delincuencia. Resulta inconcebible que los malvivientes puedan caminar, forzar cerraduras y arrancar vehículos en plena calle sin el más mínimo temor a cruzarse con una baliza policial o un control rutinario. La policía, en lugar de disuadir con su presencia, parece haberse replegado a la comodidad de las comisarías, dejando las calles desiertas y a merced de los amigos de lo ajeno.
Con el perjuicio ya consumado, la denuncia formal fue radicada ante las autoridades pertinentes. Ahora, la pelota se encuentra en el campo de los efectivos del Departamento de Automotores, quienes tienen la tarea de analizar meticulosamente las grabaciones para intentar identificar a los autores del robo. Sin embargo, este proceso investigativo actúa solo como un remedio tardío ante una enfermedad que debió prevenirse.
Mientras la burocracia policial avanza a su propio ritmo, la familia afectada se encuentra en una situación de total vulnerabilidad y solicita desesperadamente el apoyo de la ciudadanía para aportar cualquier dato que ayude a ubicar el automóvil. Lambaré sigue esperando que sus calles vuelvan a ser de los vecinos y no de los ladrones, una meta que seguirá siendo inalcanzable mientras el patrullaje preventivo siga siendo un fantasma ausente.
Fuente: AhoraPy


