Dicen que el dinero no crece en los árboles, pero en los pasillos de la Corte Suprema de Justicia parece que la humedad del poder viene con un fertilizante financiero bastante milagroso. La Contraloría General de la República ha decidido desempolvar sus lupas y activar un examen de correspondencia de bienes sobre dos relatoras del Poder Judicial que han experimentado estirones patrimoniales dignos de un libro de récords.
El órgano de control cotejará si los números que figuran en el papel coinciden con los registros de inmuebles, automotores, Seprelad, el fisco y, por supuesto, con el movimiento real de sus cuentas bancarias.
La primera protagonista de este despegue económico es la relatora VIP Marian Angélica Cattebeke. En enero de 2024, declaró muy humildemente un patrimonio de 178,5 millones de guaraníes. Sin embargo, apenas dos años y medio después, ¡zas!, su fortuna dio un brinco del 600% hasta rozar los 1.407 millones de guaraníes. Entre sus giros de suerte aparece un terreno en Benjamín Aceval que en 2024 estaba totalmente «pelado» y que hoy luce una ostentosa residencia, sumada a otra propiedad que compró en 2018 pero que olvidó anotar en su primera lista.
Como si fuera poco, su cochera se renovó con tres camionetas. Pero la magia de Marian no se limita a las finanzas: nombrada el 1 de julio de 2025, tardó apenas siete días en lograr ser comisionada a la Itaipú Binacional, gambeteando la norma que exige un año de antigüedad, y logrando además que las altas autoridades del Poder Judicial le extendieran la estadía temporal de forma «excepcional».
Por otro lado se encuentra Carla Concepción Clari Medina, la reina del efectivo. Carla ostenta un patrimonio neto de 1.907 millones de guaraníes, pero lo verdaderamente curioso es que el 99,98% de esa suma —unos 1.906 millones— la tiene depositada y líquida en cajas de ahorro de diversos bancos. No posee casas, no tiene autos a su nombre, ni empresas, ni vacas que le generen renta: solo una impresionante montaña de billetes en el banco. Aunque su patrimonio creció un 93% en una década, los auditores no están preocupados por el porcentaje, sino por los enigmas de la física financiera: sus ingresos formales no justifican semejante ahorro, en el camino «desapareció» una declaración previa por más de 1.300 millones y, más que crecer paulatinamente, las millonarias cuentas bancarias parecieron brotar por arte de magia.
Ante semejantes historias de éxito repentino, la Contraloría iniciará un chequeo cruzado con todas las entidades oficiales para rastrear el origen, la trazabilidad y la legitimidad de cada guaraní declarados. Mientras la ciudadanía espera ansiosa descubrir el secreto de esta prosperidad relámpago, la investigación judicial promete arrojar luz sobre si estamos ante un verdadero talento para el ahorro o ante un nuevo y clásico capítulo de magia contable en el sector público.
Fuente: Observapy



