¿UN NUEVO GUIÑO DE WASHINGTON?

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En diplomacia, las señales importan y muchas veces una fotografía pública dice mucho más que un comunicado de varias páginas. 

Por eso no pasó desapercibida la reciente publicación de la Embajada de los Estados Unidos; junto a Arnoldo Wiens, uno de los principales referentes de la disidencia colorada con miras al 2028.

Por supuesto, las embajadas se reúnen permanentemente con actores de todos los sectores políticos; eso siempre lo hacen y es normal en diplomacia. Lo llamativo no fue el encuentro, sino la decisión de exhibirlo en forma pública. 

Llama siempre la atención en nuestro país cuando una representación diplomática como la de USA decide dar visibilidad a una reunión con un precandidato presidencial, porque inevitablemente surgen interpretaciones sobre el mensaje que se busca transmitir.

No sería la primera vez que ocurre algo similar, y basta recordar la época del embajador Marc Ostfield y las designaciones de Horacio Cartes y Hugo Velázquez como significativamente corruptos, que, más allá de los fundamentos invocados, en aquel momento una parte importante del Partido Colorado en el poder interpretó aquellas decisiones como un claro guiño político hacia la oposición, encabezada en su oportunidad por Efraín Alegre, entendiendo que debilitaban a los principales líderes de los movimientos de la ANR, alteraban el equilibrio político interno.

El tiempo demostró que aquellas medidas no produjeron el efecto electoral esperado, pues Cartes doblegó de forma fulminante a su contrincante y luego el Partido Colorado se impuso al delfín del Partido Liberal. 

Sin embargo, dejaron instalada una percepción que hasta hoy persiste en sectores del poder: la idea de que Washington no es un mero observador completamente neutral de la política paraguaya.

Por eso la fotografía con Wiens adquiere una dimensión mayor, no necesariamente porque exista una toma de posición formal de los Estados Unidos, sino porque inevitablemente alimenta la percepción de un cierto interés o simpatía hacia figuras que hoy representan una alternativa al oficialismo.

Y justamente por ello también llamó la atención que casi inmediatamente después apareciera una publicación de nuestra Cancillería, destacando una reunión institucional con representantes norteamericanos para abordar temas de comercio, inversiones, seguridad y desarrollo. 

Un movimiento que muchos interpretaron como un intento de reafirmar la normalidad de la relación bilateral, luego de un gesto que habría generado incomodidad en las más altas esferas del poder y en especial del ya candidato cartista. 

Quizás no existió ningún reclamo formal, quizás sí, eso difícilmente lo sabremos, pero en política y en diplomacia, las coincidencias temporales rara vez pasan inadvertidas.

Lo cierto es que cuando una embajada proyecta señales que pueden interpretarse como preferencias hacia determinados actores políticos, inevitablemente ingresa en una zona delicada, y más aún, cuando el gobierno responde con visible incomodidad, termina reforzando precisamente la lectura que pretendía evitar.

Al final, más que la fotografía en sí, lo que vuelve a aparecer es una vieja discusión: hasta qué punto Washington observa la política paraguaya y hasta qué punto algunos dirigentes paraguayos siguen buscando en cada gesto de Washington una señal de apoyo, desaprobación o favoritismo, porque si algo demuestra la historia reciente, es que en el país, las fotografías diplomáticas suelen generar mucho más ruido del que aparentan; el tiempo lo dirá.

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