El intendente cartista Berni Villalba está en plena campaña para su reelección, pero se enfrenta al masivo descontento de una ciudadanía que se siente profundamente decepcionada. Los vecinos denuncian un abandono total: barrios enteros sufren por calles destrozadas e intransitables, mientras la presencia del jefe comunal en el edificio municipal es casi nula, limitándose a un par de días a la semana cuando mucho.
La indignación vecinal también apunta a un presunto esquema de nepotismo que incluye a varios familiares directos dentro de la administración. A esto se suman sospechas de sobrefacturación en obras públicas, como un baño sexado escolar cotizado en el insólito valor de 220 millones de guaraníes. Las miradas también apuntan al concejal Rolfi Villalba, hermano del intendente, cuya olería dejó de fabricar ladrillos tradicionales para dedicarse exclusivamente a producir adoquines y vendérselos a la propia municipalidad.
El manejo financiero genera aún más dudas entre los concepcioneros, ya que en el balance del 2025 se detalló una enorme recaudación de 32.000 millones de guaraníes, pero solo se reportaron 4.000 millones invertidos en obras. Con la emblemática Costanera postergada una vez más, los pobladores exigen con desesperación un nivel de trabajo y compromiso que las autoridades actuales parecen no estar dispuestas a asumir.





