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Escraches selectivos, versión política de la patota

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No se puede negar y menos tratar de impedir el libre pensamiento o libre albedrio y menos la libertad de expresión de los ciudadanos, pero cuando estas vienen cargadas de odios, rencores, violencia, o por el solo hecho de llamar la atención, los escraches son una forma de patoterismo ideológico y esto es sumamente peligroso para la democracia representativa y pluralista.

La historia nos cuenta que los escraches no son privativos de nuestra generación y menos de nuestro país, ya se remontan a épocas muy antiguas y los primeros recuerdos importantes que tenemos son los que sufrió el propio Sócrates, al que “escrachaban” públicamente por su forma de pensar diferente y su método de enseñanza, que llegó a tal extremo de llevarlo ante un tribunal compuesto por 501 personas y ser condenado a beber la cicuta (veneno quemador de entrañas) a pedido de los acusadores Ánito, Meleto y Licón; utilizando el famoso “argumento ad hominem” sin sustento alguno, más que la denigración del ser humano, es decir no atacaron el argumento socrático sino al sujeto.

Más adelante, los escrachados en épocas de los Romanos, eran llevados directamente al circo para ser devorados por fieras salvajes o servir de blanco a los gladiadores. Ya en época de Tiberio Cesar y con Poncio Pilatos como Gobernador de Judea, fue condenado y sentenciado a muerte por medio de la crucifixión; Jesús el Cristo, escrachado previamente por los sumos sacerdotes bajo el argumento de una blasfemia y autoproclamarse Rey de los Judíos.

La historia más reciente nos lleva a la Alemania Nazi, con la aparición del Fürer Adolfo Hitler y su nacionalsocialismo (Nazismo), con su mentada ideología antisemita que empezó con escraches a la población judía bajo la premisa de la purificación de la raza Aria, luego irían por los homosexuales, las lesbianas, los gitanos y las personas de color, buscando el exterminio de las razas impuras, lo que llevó finalmente a un genocidio programado nunca antes conocido por la humanidad, que terminó costando en general entre 40 y 50 millones de vidas humanas, entre ellas 6 millones de judíos y toda Europa devastada.

Lo propio ocurrió en España bajo la dominación Fascista del Generalísimo Franco y su mentada guerra civil española y posterior dictadura, donde los fascistas marcaban y escrachaban a los Republicanos con la consecuente “pena capital” sin juicio alguno, con ello se posibilitó el exterminio de familias y poblaciones enteras, con el simple argumento del escrache selectivo.

En la Argentina se popularizó enormemente esta costumbre y nosotros en el Paraguay, lo copiamos íntegramente; asi decía Fabricio Moschettoni, de Impulso Baires, publicado por La Nota Digital, el 13 de febrero de 2009, “…El escrache es lo mismo que la patota con la sutil diferencia de que los patoteros en este caso, se justifican invocando una razón política. El patotero y el escrachador no son diferentes en lo que importa, es decir, en el ejercicio de la violencia alevosa y cobarde. Lo que distingue a uno de otro es la retórica disfrazada de ideología (…) Sin dudas, desde cualquier punto de vista, la actitud cobarde de juntar fuerzas para insultar a alguien en situación de vulnerabilidad, en su hogar, debe ser repudiada (…) El patotero supone que sus acciones no tienen nada que ver con la política; el escrachador se justifica a sí mismo invocando argumentos políticos que transformarían un acto cobarde y miserable en una causa justa. Desde el punto de vista estrictamente político, el escrachador es más peligroso que el patotero porque uno viola el Código Penal, mientras el otro viola la convivencia social…”.

La abogada Esther Roa (con frondosos antecedentes por estafa) y la actual senadora electa Kattya González, se hicieron visibles por utilizar este método denigrante para las personas quienes eran objeto de sus “manifestaciones” violentas, tanto es que se hacían llamar Ciudadanos en Acción, pero estas “manifestaciones” iban acompañado por actos de vandalismo y violencia no solo contra el “justiciable” de turno, sino también eran extensivas hacia familiares más cercanos, en particular contra indefensos hijos e hijas menores, madres, padres, vecinos y amigos; víctimas colaterales y sin razón de posibles responsabilidades del “elegido”.

Los escraches siguen, la abogada Roa se encarga de comandar ese selecto grupo de “manifestantes” que eligen a sus victimas de turno, conforme al color partidario, pero se olvidan de los narcotraficantes, de los abusadores de niños, de los depredadores de la vida salvaje, ergo, aquí no se trata de las responsabilidades que puedan tener las personas escrachadas, sino de las responsabilidades que tienen los escrachadores con sus actos delictuales y selectivos, o que lo digan los judíos.

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