El doctor Isaías Fretes, presidente del Instituto de Previsión Social, realizó una sorpresiva comitiva por el departamento de Cordillera que dejó al descubierto la cruda y dolorosa realidad de la salud pública.
Hospitales colapsados, ambulancias fuera de servicio y la persistente falta de insumos médicos forman el panorama con el que conviven a diario cientos de asegurados. Sin embargo, a pesar de constatar la crisis en primera persona, la respuesta oficial fue tajante y desalentadora: «No hay plata», admitió el alto funcionario, sin anunciar soluciones inmediatas para los reclamos de la gente.
La parada en Caacupé expuso el hacinamiento extremo, donde una pequeña infraestructura alquilada por 22 millones de guaraníes mensuales debe soportar la presión de atender a unos 150 pacientes por día. El proyecto de un nuevo hospital sigue encajonado en la administración central y la falta crónica de medicamentos —un malestar que el director catalogó con resignación como un «problema nacional»— obliga a los enfermos crónicos a seguir costeando sus tratamientos de su propio bolsillo.
El escenario empeora en Tobatí, donde la unidad sanitaria local lleva una semana sin ambulancia operativa y el sistema sigue estancado en el pasado, operando de forma manual y sin digitalización de los datos médicos. Por si fuera poco, las limpiadoras tercerizadas aprovecharon la visita para denunciar extraños e injustificados descuentos de hasta 1.400.000 guaraníes en sus salarios. En medio de este desolador recorrido, el único destello de alivio se registró en el moderno centro de San Bernardino, una realidad paralela que lamentablemente no refleja el suplicio cotidiano que se padece en el resto de la región.
Fuente: ABC Digital



