En su tercer informe de gestión ante la Asociación Nacional Republicana (ANR), el presidente de la República, Santiago Peña, presentó un balance de su administración marcadamente alineado con la cúpula partidaria, convirtiendo el recinto partidario en el escenario previo a su rendición oficial ante el Congreso de la Nación.
Con un discurso de fuerte confrontación hacia sectores empresariales y mediáticos independientes —a quienes tildó de «profetas del odio» empeñados en fragmentar la relación entre el Gobierno y el partido—, el mandatario selló su alianza política con el titular de la ANR, Horacio Cartes.
En el plano macroeconómico, el jefe de Estado defendió que el país atraviesa el mejor momento de su historia, respaldado por un crecimiento del PIB del 6,6% en 2025 y una proyección del 4,2% para 2026, lo cual atribuyó directamente a la estabilidad que otorga el coloradismo en el poder. Como principal novedad de consumo interno y electoral, anunció un incremento discrecional del salario mínimo a 3.044.000 guaraníes, desmarcándose de la fórmula técnica sujeta estrictamente a la inflación por primera vez en casi una década.
El documento expone una fuerte defensa de programas asistenciales de alto perfil mediático como Hambre Cero, el plan de viviendas Che Róga Porã y subsidios monetarios, alegando una drástica reducción de la pobreza total al 16%. No obstante, el discurso deja en evidencia que el acceso real a la salud pública continúa siendo la gran materia pendiente de la administración, reconociendo el colapso heredado en ambulancias e infraestructura del Instituto Nacional del Cáncer (INCAN), deficiencias que ahora se prometen revertir mediante millonarias inversiones hospitalarias y la expansión del Sistema de Información en Salud (HIS) financiado históricamente por Taiwán. En materia de seguridad y defensa, el Ejecutivo celebró la erradicación de los envíos de cocaína a puertos europeos a través de operativos como SAFT y Dulzura, así como el violento desalojo de la penitenciaría de Tacumbú mediante la Operación Veneratio, justificando una militarización y el aumento de 15.000 agentes policiales como respuesta al descontrol carcelario previo.
Finalmente, la estrategia geopolítica expuesta combinó un férreo alineamiento a los intereses de socios tradicionales con un fuerte tinte ideológico. El mandatario ensalzó las alianzas con Israel —ratificando el traslado de la embajada a Jerusalén—, Estados Unidos y Taiwán, este último cofinanciador del proyecto de inteligencia artificial «Yguazú Digital» para el aprovechamiento de los excedentes energéticos de Itaipú. En contrapartida, el discurso cerró filas rechazando cualquier apertura comercial con China continental, alegando la defensa de la soberanía nacional contra supuestos intereses financieros mezquinos. Este blindaje ideológico y pragmático sirvió de preámbulo para exigir la continuidad del modelo político en el poder, instrumentalizando la reciente victoria electoral del movimiento Honor Colorado en las internas partidarias como una validación masiva y un mandato renovado para perpetuar su línea de gobierno.



