Jorge Bogarín Alfonso, extitular del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, mantuvo un reciente encuentro con el senador Rubén Velázquez, referente del sector opositor Yo Creo, que marca un intento de redefinición de su figura en momentos donde busca asegurar su candidatura al Consejo de la Magistratura. Sin embargo, este acercamiento no solo intenta trazar un nuevo puente hacia la plataforma liderada por Miguel Prieto, sino que también despolva las sombras que aún proyecta su gestión anterior.
El trasfondo de esta reunión está inevitablemente marcado por la designación de «significativamente corrupto» impuesta por el Gobierno de Estados Unidos en 2023, tras ser señalado por presuntas interferencias en el sistema judicial. Esta calificación internacional actúa como una barrera simbólica que Bogarín parece intentar sortear mediante el pragmatismo político, buscando oxígeno en espacios ideológicamente distantes a sus orígenes tradicionales. Esta maniobra sugiere una estrategia de supervivencia institucional donde las afinidades doctrinales pasan a un segundo plano frente a la necesidad de respaldo electoral.
Por otro lado, el impacto de esta fotografía alcanza también al senador Velázquez y a su nucleación política. Al abrir el diálogo con una figura cuestionada por organismos externos, el movimiento Yo Creo se enfrenta al desafío de justificar una alianza que parece contradecir su discurso de renovación y transparencia.
En este escenario de cara a las proyecciones de 2028, la jugada de Bogarín Alfonso deja una conclusión evidente: la búsqueda del poder en el sistema de justicia paraguayo está forzando uniones que, aunque estratégicas, cargan con un costo reputacional que ambos sectores deberán aprender a gestionar frente a una opinión pública cada vez más atenta.



