La selección paraguaya resucitó su histórica identidad en el Levi’s Stadium de Santa Clara al derrotar con un emocionante y épico 1-0 a Turquía, por la segunda fecha del Grupo D del Mundial 2026.
Tras la dura caída sufrida ante Estados Unidos en el debut, el combinado dirigido por Gustavo Alfaro saltó al campo obligado a reaccionar y lo hizo reviviendo la mística de la garra guaraní en una noche que quedará para el recuerdo por la entrega, el orden y el sacrificio absoluto de sus jugadores.
El inicio del partido fue soñado y electrizante. Apenas corría el primer minuto de juego cuando Miguel Almirón desbordó por la banda derecha y envió un centro quirúrgico; Julio Enciso controló la pelota y habilitó a Matías Galarza, quien con un potente e inapelable remate de zurda a los 64 segundos marcó el único gol de la noche, el cual se convirtió en el tanto más rápido en lo que va de esta Copa del Mundo.
Sin embargo, el destino tenía preparada una verdadera prueba de fuego para los paraguayos. Antes del descanso, el panorama se tornó dramático debido a una rigurosa y polémica decisión arbitral: el VAR expulsó con roja directa a Miguel Almirón por taparse la boca al hablar con un rival, una de las nuevas normativas de la FIFA, dejando a la Albirroja en inferioridad numérica con todo el segundo tiempo por delante.
Fue en ese momento de adversidad donde emergió el verdadero carácter del equipo. Durante la segunda mitad, Turquía monopolizó la posesión del balón guiada por Arda Güler y empujó con vehemencia buscando la igualdad, pero chocó contra un muro inquebrantable. Paraguay se multiplicó en la cancha con un desplieghe defensivo monumental, sostenido por la espectacular labor de recuperación de Andrés Cubas en el mediocampo y las providenciales atajadas del arquero Orlando Gill, quienes resistieron con el alma los embates europeos hasta el minuto 98.
Con este triunfo heroico, Paraguay vuelve a saborear la victoria en una cita mundialista tras 16 años de ausencia, suma tres puntos de oro y llegará con el corazón encendido y dependiendo de sí mismo a la última fecha de la fase de grupos. La ilusión albirroja sigue intacta y el mensaje para el mundo entero es claro: nunca den por vencido a un paraguayo.



