CERRO GANÓ, SUMÓ… PERO TODAVÍA NO CONVENCE

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Cerro Porteño ganó. Y en la Copa Libertadores, ganar de visitante siempre tiene un valor enorme. El 1-0 ante Junior en Colombia le permite acomodarse con 7 puntos, apenas por detrás de Palmeiras, líder con 8, y llegar con vida a las dos últimas fechas: Sporting Cristal en La Nueva Olla y luego Palmeiras en Brasil. En los números, el panorama es alentador. En las sensaciones, no tanto.

Porque más allá del resultado, Cerro sigue sin transmitir seguridad. No se trata de exigir un equipo que domine de punta a punta cada partido ni que avasalle a sus rivales. El fútbol moderno no siempre pasa por eso. Se puede controlar un partido sin monopolizar la pelota ni acumular llegadas. Pero este Cerro ni siquiera da esa sensación de control. Al contrario: transmite fragilidad.

Da la impresión de que en cualquier momento puede pinchar. Que cualquier rival —incluso uno de menor jerarquía o claramente inferior en plantel y presupuesto— puede complicarlo, lastimarlo y exponerlo. Es una sensación que se repite demasiado, tanto en el plano local como internacional. Y eso, para un club que pretende pelear en serio la Libertadores, es una alarma que no puede seguir ignorándose.

Si Cerro quiere ser protagonista de verdad, la dirigencia debe actuar ya. No alcanza con ilusionarse por una victoria valiosa ni con conformarse con competir dignamente. El hincha cerrista está cansado de eso. Ya no quiere participar: quiere trascender.

Y si el Presidente Blas Reguera realmente quiere marcar una diferencia en su gestión, tiene que demostrarlo con determinación. Debe dejar de especular, dejar de “probar” y hacer todo lo que esté a su alcance económico para fortalecer seriamente al plantel. Hoy todavía está a tiempo. Mañana puede ser tarde.

También hay que asumir una realidad incómoda: nombres como Cecilio Domínguez y Juan Iturbe ya no son los de hace una década. La jerarquía que alguna vez tuvieron hoy aparece solo en destellos. Ya no son esos futbolistas capaces de marcar diferencias sostenidas ni de cambiar el destino internacional de Cerro por sí solos.

Por eso, Cerro necesita otro tipo de refuerzos. Jugadores que eleven la vara, que aporten personalidad, jerarquía vigente y un salto real de calidad. Ariel Holan puede ordenar, trabajar y potenciar lo que tiene. Pero no puede hacer milagros.

Si no se toman decisiones de fondo, la historia será la de siempre: una eliminación previsible, otra decepción continental y un nuevo papelón internacional para un club demasiado grande como para seguir conformándose con tropezar en el mismo lugar. Cerro todavía está a tiempo de cambiar su destino. La pregunta es si tendrá el coraje de hacerlo.

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