En Ciudad del Este, dos amigos de lo ajeno decidieron que la madrugada era el momento perfecto para hacer de las suyas. Es así que no se les ocurrió mejor idea que meterse a robar a un salón velatorio.
Sin ningún tipo de respeto por el luto ajeno, los maleantes irrumpieron en el recinto y se llevaron un televisor y una heladerita, entre otros objetos de valor, como si estuvieran equipando su propio quincho nocturno.
Lo que estos audaces amigos de la noche no calcularon fue que los ojos de la tecnología no duermen. Las cámaras de seguridad del local registraron de punta a punta su peculiar faena, dejando sus rostros al descubierto. Con la evidencia en mano, la Policía reaccionó sin darles tiempo a ponerse a mirar su programa favorito ni a enfriar las bebidas: apenas unas horas después del atrevido golpe, los sospechosos terminaron entre rejas.
Y para rematar esta tragicomedia, al verse acorralados por los uniformados, a los cacos se les acabó el coraje y terminaron «cantando» absolutamente todo. Sin hacerse de rogar, indicaron con lujo de detalles el lugar exacto donde habían escondido el botín: entre unos matorrales de la zona.
Las autoridades acudieron al escondite improvisado y lograron recuperar intactas todas las pertenencias. Al final, los intrépidos ladrones se quedaron sin tele, sin heladerita y con un pase directo a la comisaría, demostrando que ni en la casa del último adiós el crimen paga… y que de las cámaras no se salva nadie.
Fuente: Ahora_Py




