EL MILAGRO DE LAS AMBULANCIAS FANTASMA CON TANQUES DE 155 LITROS: CÓMO CARGAR 11 MILLONES DE COMBUSTIBLE EN 2 MINUTOS Y NO MORIR EN EL INTENTO

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El Hospital Regional de Villa Hayes acaba de inscribir su nombre en el libro de récords Guinness de la magia administrativa: lograron llenar el tanque de una sola ambulancia con 155 litros de combustible en un chasquido de dedos y pasar 11 millones de guaraníes por tarjeta magnética en un suspiro. Lo curioso es que la capacidad del tanque de movil de salud es de solo 100 litros. 

El protagonista de esta hazaña con sabor a comedia negra es José Antonio González Artenburger, un funcionario administrativo del mencionado nosocomio. Según la investigación revelada por el equipo de Ñanduti, el audaz empleado fue filmado en pleno acto místico: maniobrando nada menos que once tarjetas magnéticas de combustible Petropar para ser adjudicadas a un único vehículo. Todo esto a las 6:26 de la mañana, demostrando que al que madruga, el Estado lo ayuda… a abultar la cuenta.

Cualquier conductor con dos dedos de frente sabe que una ambulancia Toyota Land Cruiser apenas aguanta 100 litros de diésel, mientras que las modernas Iveco no superan los 90 a 100 litros. Sin embargo, en las planillas internas del hospital, los tanques parecen ser de fueloil elástico o contar con dimensiones de otra galaxia, alcanzando registros de 155 y hasta 160 litros por parada.

Pero la creatividad de la comitiva no termina en desafiar la capacidad de los tanques. Para añadirle drama e itinerario a la jugada, los encargados decidieron obviar olímpicamente la estación de servicio Petropar situada a tiro de piedra del propio hospital. En lugar de ello, prefirieron realizar abnegados viajes de más de 25 a 30 kilómetros hasta una estación del grupo Saccomani, ubicada estratégicamente en el límite entre Luque y Mariano Roque Alonso, cerquita del Aeropuerto Silvio Pettirossi. Se ve que el aire de la aviación le sienta mejor al combustible estatal.

Las cámaras de investigación de Ñandutí captaron el preciso instante en que la magia se materializa en papel: tras la supuesta «operación de carga», un atento playero le entrega al funcionario del hospital un misterioso sobre blanco. Testigos que pidieron mantener el anonimato explicaron sin rodeos la mecánica del negocio: la recaudación de la caja paralela se reparte bajo una impecable fórmula societaria del «70 a 30», donde la mayor tajada se la lleva el encargado del expendio. Si el cupo en tarjetas no se liquida de una sola vez, el sobrante se cobra en efectivo más tarde.

El espectáculo suma un toque aún más hilarante y desgarrador cuando entra en escena la flota de «vehículos zombis». Mientras las ambulancias operativas —las nuevas Iveco entregadas por las binacionales de Itaipú y Yacyretá pelean por presupuesto, camionetas y ambulancias en desuso, tiradas en el patio trasero del hospital con las ruedas pinchadas y sepultadas por el matorral junto a la planta de oxígeno del SEME, figuran recibiendo millonarias recargas. Un caso emblemático es el de una camioneta Ford, chapa DK 734: a pesar de ser un monumento a la chatarra fuera de servicio, la planilla oficial indica que se le inyectaron G. 1.500.000 de combustible directo al tanque… o a las faltas de ortografía de los auditores.

Para cerrar con broche de oro, el cruce de datos reveló una desproporción astronómica entre el kilometraje recorrido por las unidades y los litros consumidos. Tras las pesquisas iniciadas en la Policía Nacional, ahora la lupa apunta de lleno a la Dirección de Transporte del Ministerio de Salud Pública. Resta saber si la justicia logrará frenar este «rally» de billetes o si la superambulancia de los 160 litros seguirá acelerando a fondo hacia la impunidad.

Fuente: Ñanduti

 

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